Jocelyn Bell Crédito: BBC

Jocelyn Bell, la científica a la que le robaron un Nobel


07-12-2017

“Si asumimos que lo hemos logrado, dejamos de buscar, dejamos de investigar”

- Jocelyn Bell Burnell

Por: Antonio Medina 

Muchas veces la ciencia no rinde los frutos que los investigadores esperan, o se merecen, y más aún cuando se es mujer. Para comprobar esto no hay que irnos muy lejos, basta con mencionar un solo nombre: Susan Jocelyn Bell Burnell.

Trata de recordar si alguna vez has escuchado hablar sobre ella… sigue pensando… ¿no? La mayoría de nosotros nunca habíamos escuchado hablar de esta mujer que a pesar de haber realizado un gran descubrimiento en la década de los años 60, ha sido olvidada y pocas veces reconocida.

Tras haberse graduado de la licenciatura de Física en la Universidad de Glasgow, Bell se inscribió a un doctorado en la Universidad de Cambridge, donde se incorporó a un grupo de investigadores que tenía como objetivo construir un telescopio para observar y estudiar quasares.

Fue justamente mientras analizaba los datos obtenidos por este radiotelescopio, que Bell notó unas señales de radio muy peculiares, especialmente regulares y rápidas, y supuso que no podían venir de un quasar. Ante este descubrimiento, llevó sus resultados con el líder del proyecto, Anthony Hewish, quien rápidamente desestimó el hallazgo y lo adjudicó a un mal funcionamiento del radiotelescopio.

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Pero Jocelyn no estaba satisfecha con la respuesta que recibió de Hewish y decidió seguir investigando sin comentarle nada a nadie. Cuando detectó una nueva señal de radiaciones con las mismas características, pero en otra zona del firmamento, supo con certeza que el equipo no había tenido ninguna falla y que estaba a las puertas de un gran descubrimiento astronómico.   

Después de convencer a Hewish de que esto no era un error, ambos se dedicaron a analizar los datos obtenidos para descartar que fueran señales emitidas por satélites artificiales, estrellas o incluso extraterrestres inteligentes. Fue así como determinaron que estas radiaciones provenían de unas estrellas masivas que rotaban a gran velocidad y que reciben el nombre de púlsares.

El primer púlsar se conoce como CP1919, aunque en realidad debería llevar el nombre de estrella Bell, pues fue Jocelyn Bell quien la descubrió. Pero el nombre de la estrella es realmente irrelevante, lo realmente lamentable fue que en 1974 Anthony Hewish y Sir Martin Ryle, tuvieron el descaro de aceptar un Premio Nobel de Física, el primero para un trabajo astronómico, por un descubrimiento que ninguno de los dos había realizado.

Si bien Hewish ayudó con la investigación y el procesamiento de resultados, ese premio debió haber sido para Jocelyn Bell, la verdadera descubridora de los púlsares.

Y aunque en esa ocasión la ciencia no le hizo justicia a Bell, tal vez por haber sido apenas una estudiante de posgrado o por el poco reconocimiento que en ese entonces –y todavía- se le otorga a las mujeres, con el tiempo sí lo hizo y durante muchos años, Bell recibió numerosos reconocimientos por su exitosa labor y hoy en día es una reconocida investigadora y la oficial descubridora de este magnífico hallazgo.

¿Qué es un púlsar y por qué es tan relevante su descubrimiento?

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NASA

 

Un pulsar en una estrella palpitante de neutrones que gira sobre sí misma y extremadamente rápido y que emite una gran cantidad de energía. Son aproximadamente del tamaño de una ciudad pero contienen más masa que el sol.

Desde la Tierra, los púlsares a menudo parecen estrellas parpadeantes, que prenden y apagan a un ritmo constante, sin embargo, los púlsares irradian dos haces estables y estrechos de luz en direcciones opuestas. Aunque la luz del haz es constante, los púlsares parecen parpadear porque también giran. Es la misma razón por la que un faro parece parpadear cuando lo ve un marinero desde el océano.

Mas de 2,000 púlsares se han detectado en total. La mayoría de ellos giran del orden de una vez por segundo (a veces se denominan "púlsares lentos"), mientras que se han encontrado más de 200 púlsares que giran cientos de veces por segundo (llamados "púlsares de milisegundos"). Los púlsares de milisegundos más rápidos conocidos pueden girar más de 700 veces por segundo.

Los científicos están utilizando púlsares para estudiar estados extremos de la materia, buscar planetas más allá del sistema solar y medir distancias cósmicas. Los púlsares también podrían ayudar a los científicos a encontrar ondas gravitacionales, que podrían rastrear eventos cósmicos energéticos como colisiones entre agujeros negros supermasivos.

Tal vez nada hubiera cambiado si esto hubiera sido descubierto en otro año y por alguien más, y hoy en día sabríamos exactamente lo mismo de los púlsares, pero eso no quiere decir que no se deba reconocer el gran aporte de Susan Jocelyn Bell Burnell al mundo de la ciencia, que sigue y seguirá teniendo una gran deuda con esta científica e investigadora de Irlanda del Norte. 

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