Detonación de una bomba de hidrógeno en 1952, en el Atolón de Eniwetok en las Islas Marshall.  Crédito: Gobierno de los Estados Unidos

¿Qué consecuencias tiene un enfrentamiento nuclear?

08-01-2018

Con tanto en juego, es importante entender de qué son capaces las bombas nucleares.


Por: Luis Moctezuma

2018 comenzó con una nueva confrontación verbal entre los dirigentes políticos de Corea del Norte y Estados Unidos. Kim Jong Un, líder político norcoreano, afirmó en su discurso de Año Nuevo que la fuerza nuclear estatal de su país estaba completa. A esta declaración agregó que siempre hay un botón para activar armas nucleares en su escritorio. El presidente de Estados Unidos: Donald Trump, no tardó en contestar vía redes sociales que también tenía uno más grande y poderoso.

            Para cerrar la primera semana del año Donald Trump afirmó tener disposición para hablar por teléfono con el dirigente norcoreano. Esto después de avances diplomáticos entre las dos Coreas gracias a las conversaciones sobre los Juegos Olímpicos de invierno que se celebrarán en Corea del Sur. Parece que, por ahora, la amenaza nuclear disminuye pero el armamento sigue ahí junto con el riesgo de que se activen algún día. Es normal preguntarse: ¿qué pasaría si alguna de las naciones que cuenta con armamento decidiera usarlo?

¿Qué hace una bomba nuclear?

A diferencia de otro tipo de ataques, las explosiones nucleares provocan destrucción a muy largo plazo. Ejemplo de esto son los efectos que la población japonesa sufrió después de los estallidos Hiroshima y Nagasaki. En el momento de la detonación murieron cerca de 120 mil personas, 80 mil en Hiroshima y 40 mil en Nagasaki; sin embargo, en los días y semanas posteriores esta cifra creció a 214 mil. Aún hoy se reconocen los efectos de las bombas atómicas en padecimientos como leucemia, cáncer y problemas circulatorios.

            Los efectos de una bomba atómica varían dependiendo de si explota en el aire o cerca de la superficie. Desde las detonaciones de Hiroshima y Nagasaki la potencia de las armas nucleares ha crecido drásticamente. Las armas usadas en estas ciudades fueron de entre 15 y 20 kilotones; 1 kilotón equivale a la explosión de 1000 toneladas de dinamita. Con la tecnología actual pueden producirse bombas de hasta 1 megatón, que es mil veces mayor que un kilotón; una detonación de esa magnitud sobre el centro histórico de la Ciudad de México tendría un efecto inmediato hasta Av. Río de los Remedios en el municipio de Nezahualcóyotl y el polvo radioactivo sería capaz de llegar hasta el Golfo de México.

¿Qué pasa con la explosión?

El efecto de la explosión tiene efecto en distintos niveles, estos dependen de la cercanía con el centro de la explosión. La temperatura llega a 10 millones de grados centígrados creando una bola de fuego, el aire se calienta y la eleva a 100 metros por segundo imitando la forma de un hongo, la presión es tan grande que produce una onda de choque de aire y una vez que pasa se forman vientos huracanados, fuera de la bomba se expulsan rayos gamma y neutrones que alteran la composición de aquello que tocan. Después de la destrucción inicial por fuego y viento los organismos sobrevivientes sufren alteraciones.

Los hibakusha, bombardeados en japonés, son los sobrevivientes de las explosiones sobre Hiroshima y Nagasaki y la evidencia de las consecuencias de un ataque nuclear. Durante la explosión quienes reciben el impacto directamente mueren por el efecto devastador de la bomba, quienes lograron protegerse corren otros peligros como quemaduras o lesiones, mucho tiempo después aparecen enfermedades crónicas producidas por la radiación.

No sólo los organismos humanos padecen los efectos de la bomba. Los neutrones sueltos se unen con otras partículas formando núcleos radiactivos. La expulsión de rayos gama altera a los organismos vivientes. Estos mismos rayos obtienen electrones del ambiente y crean un campo electromagnético que por la diferencia con las condiciones normales tiene la capacidad de volver inútiles aparatos eléctricos y sistemas de telecomunicación. Sin energía eléctrica y sin medios de comunicación la existencia de los sobrevivientes sería todavía más difícil.

El fin de una guerra nuclear

El mayor problema de una guerra con armas nucleares es que no se detonaría solo una. Actualmente distintas naciones tienen armamento nuclear. Es fácil pensar en Rusia, la mayor potencia nuclear en la actualidad, o Estados Unidos; sin embargo existen otras naciones como Francia, China, Reino Unido, Pakistán, India, Israel, Sudáfrica o Corea del Norte que también tienen este tipo de armas; la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce la existencia de aproximadamente 26 mil. Ante una serie de detonaciones nucleares en distintos puntos del planeta la emisión de polvo radiactivo crearía una cubierta térmica similar a la que se cree que provocó la extinción de los dinosaurios; después del fuego atómico llegaría un invierno duradero que cambiaría las condiciones de vida en la Tierra.

            Junto con los cambios acelerados en el clima vendría una serie larga de problemas de salud. Los estudios realizados sobre la población afectada por las explosiones de Hiroshima y Nagasaki siguen dando resultados nuevos. Los habitantes de las ciudades atacadas directamente morirían por la explosión o por sus efectos secundarios. El resto de los habitantes del planeta padecerían un período de enfermedades y adaptación a un nuevo entorno. Para decirlo de forma sencilla: acabaría con la vida como la conocemos hoy.

            La posibilidad de una guerra nuclear es lejana pero las condiciones para que ocurra existen. Si el presidente de los Estados Unidos decidiera comenzar una, tiene las facultades legales para hacerlo, afortunadamente no ha sucedido y conviene pensar que no pasará. Los programas de desarme nuclear existen desde hace décadas, la ONU lo ha promovido desde su fundación en 1946, aunque sigue existiendo este tipo de armamento.

Lo que queda para evitar una catástrofe atómica es promover que los poseedores de este armamento confíen en las políticas internacionales de desarme y en la necesidad de preservar la vida como la conocemos.

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