Así es como el Homo naledi pudo haber lucido National Geographic Society
Foto: John Hawks

Homo naledi: La nueva especie de homínido que pudiera reescribir la historia

11-09-2015

Una nueva especie humana descubierta en Sudáfrica pudiera ser la más antigua del género homo. Estos primeros humanos, a pesar de tener un cerebro del tamaño aproximado de una naranja, llevaban a cabo rituales como el de enterrar a sus muertos.

La especie, llamada Homo naledi, fue descubierta en 2013 en el yacimiento Dinaledi de la cueva Rising Star de Sudáfrica (cerca de Johannesburgo) y sus restos aparecieron entre más de 1,550 fósiles, lo que lo hace un tesoro paleontológico.

Características Físicas

El Homo Naledi poseía una inusual mezcla de características. De acuerdo al estudio, publicado en la revista eLife, medía en promedio 1.5 m de altura y pesaba alrededor de 45 kilogramos. Tenía un cerebro pequeño, de sólo 500 centímetros cúbicos, pequeño en comparación con el cerebro del humano moderno (1,200 a 1,600 cm cúbicos aprox.) pero comparable al tamaño del cerebro del Australopithecus Sediba, que se cree que fue el antepasado del linaje humano.

El Homo naledi poseía una sorprendente mezcla de rasgos tanto primitivos como de homínidos modernos. Por ejemplo, sus manos sugieren habilidades con el uso de herramientas, mientras que sus pies son prácticamente indistinguibles de los de los humanos modernos. Esto, junto con sus largas piernas, sugiere que la especie se adaptó a una vida en la tierra que involucraba recorrer largas distancias a pie. Sin embargo, sus dedos eran extremadamente curvados, más curvos que los de casi cualquier otra especie de homínido primitivo, lo cual apunta a una vida adecuada para trepar árboles.

Por otra parte, el Homo naledi poseía pequeños dientes, mandíbulas delgadas y muchas características craneales similares a los de los miembros más antiguos conocidos de Homo, pero sus hombros y su tronco eran más similares a los de los simios.


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Rituales

Curiosamente, esta especie de humanos primitivos podría haber desechado a sus muertos en repetidas ocasiones, un comportamiento ritualizado confirmado anteriormente sólo en los humanos modernos.

Dinaledi es una parte aislada del naciente sistema de cuevas del Rising Star que nunca estuvo abierto directamente a la superficie y atrajo pocos visitantes accidentales. De los más de 1,550 huesos y fragmentos de huesos recuperados de Dinaledi hasta el momento, sólo alrededor de una docena no son homínidos. Estos incluyen los restos de pequeños animales como pájaros y ratones.

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No hay evidencia de que el agua o el lodo hayan arrastrado estos huesos a Dinaledi, ni hay marcas de mordidas que sugiera que depredadores o carroñeros llevaron los restos a la cueva, tampoco existen marcas que sugieran canibalismo. En cambio, los investigadores piensan que estos restos fueron traídos a este lugar remoto intencionalmente a través del tiempo.

Se desconoce la razón detrás de este ritual.  Los investigadores señalan que puede haber muchas explicaciones. Desde hacerlo por reverencia a sus muertos, hasta deshacerse de cosas que olían mal o quizá otra especie que los estaba arrojando allá abajo.

Lugar incierto en el árbol genealógico

Su anatomía sugiere que es uno de los primeros miembros de nuestro género, sin embargo todavía no se sabe exactamente la edad de los fósiles, ya que el yacimiento carece de muchas de las características en las que los científicos confían para datar fósiles.

Pueden llegar a tener 2 o 3 millones de años, lo que se remonta a la época en que el Homo apareció por primera vez en escena, pero los científicos aún no pueden decir dónde encaja el Homo naledi dentro del árbol de la familia humana. Dependiendo de su edad, podría ser un antepasado directo del Homo sapiens, o el antepasado de las especies que dieron origen al Homo sapiens.

De acuerdo a los investigadores la contribución de este descubrimiento es fantástica y sin duda ayudará a replantear las teorías actuales de evolución y la comprensión de los orígenes del comportamiento humano.   

Fuente: LiveScience; NewScientist

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