Representación artística de Solar Probe Plus. La misión programada para visitar y estudiar el Sol mas cerca que nunca. Créditos: NASA
El Observatorio de Dinámica Solar de la NASA capturó esta imagen de una llamarada solar x2.7 (visible en el lado izquierdo del sol) el 5 de mayo de 2015. Crédito: NASA / SDO

Misión al Sol

30-05-2017

¿Somos capaces de enviar una nave directamente al Sol?

Por: Antonio Medina

Durante la historia de la exploración espacial, el ser humano ha logrado enviar naves a los lugares más recónditos del Sistema Solar, incluso más allá de la heliósfera -la región espacial bajo la influencia del Sol-, pero el próximo año la NASA pretende alcanzar lo imposible: llegar al Sol. 

Si bien los planes de la Agencia Espacial Norteamericana de llegar a nuestra estrella madre se habían dado a conocer desde hace algún tiempo, la misión bautizada como Solar Probe Plus ha cambiado de nombre y a partir de hoy (31 de mayo) se llama Parker Solar Probe, en honor al astrofísico Eugene Parker, que predijo la existencia del viento solar en 1958.

La NASA ha nombrado alrededor de 20 misiones espaciales después de personajes importantes; El Telescopio Espacial Hubble es quizás el ejemplo más famoso. Pero Parker, de 89 años de edad, es el primer investigador al que se le honra de esta manera mientras está vivo. [¿Quién es Eugene Parker y por qué la NASA decidió ponerle su nombre a la primera misión al Sol?]

La ambiciosa misión de 1,500 millones de dólares está programada para despegar en un cohete Delta IV de United Launch Alliance desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, el 31 de julio del 2018.

Durante los próximos siete años, la nave espacial realizará cerca de 24 sobrevuelos al Sol, algunos de los cuales lo llevarán a unos 6 millones de kilómetros de la superficie solar. Eso es una décima de la distancia que hay entre el Sol y Mercurio; mucho más cerca de lo que cualquier nave espacial haya llegado jamás.

El principal reto al que se enfrenta esta misión son las altas temperaturas y la intensa radiación (475 veces mayor de lo que estamos acostumbrados en la Tierra) que sufrirá la sonda cuando se acerque a nuestra estrella.

Para poder soportar las extremas condiciones climatológicas, la NASA se encuentra desarrollando un escudo de un compuesto de carbono de alrededor de 11.5 centímetros de espesor, el cual está diseñado para soportar temperaturas de alrededor de 1,370 grados Celsius. Además 

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Además del escudo, la sonda se encontrará equipada con unos tubos de calor especiales, conocidos como radiadores termales, que permitirán a la nave emitir el calor permeado por el escudo al espacio exterior, evitando que éste se transfiera a los instrumentos y partes mecánicas de la sonda. Así, todos los sistemas e instrumentos de la sonda se mantendrán a una temperatura razonable, que les permitirá trabajar de manera correcta.

Hasta el momento el plan es que la sonda solar no tenga tripulantes, pero el investigador del Centro de Vuelo Espacial de la NASA, Eric Christian, piensa que en caso de contar con el tiempo y la inversión suficiente, la NASA podría desarrollar una nave capaz de llevar a un astronauta a unos 6 millones de kilómetros del sol, sin que corriera riesgo alguno. Aunque por el momento, se apegaran al plan inicial de que la nave no se encuentre tripulada.

Esta será la primera misión que viaje al Sol y aunque sería virtualmente imposible llegar a la superficie solar, la sonda se acercará lo suficiente para que los científicos encargados de la misión respondan tres importantes preguntas:

La primera incógnita que planea resolver esta sonda es lo relacionado con la atmósfera solar. De acuerdo con estudios de la NASA, la superficie del Sol, conocida como la fotosfera, no tiene una temperatura tan elevada como la atmósfera del Sol, llamada “Corona”. Mientras la superficie se encuentra a 5,500 grados centígrados, la atmósfera tiene una abrasadora temperatura de 2 millones de grados. Se pensaría que entre más lejos se encuentre un punto de la fuente de calor, ésta tendría menor temperatura, pero la corona es mucho más caliente que la superficie, y este es un misterio que no se ha podido resolver.

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La segunda interrogante tiene que ver con la velocidad de los vientos solares. Se sabe que el Sol emite una gran corriente de partículas cargadas en todas direcciones, que se conocen como vientos solares, y que principalmente consisten en electrones y protones con elevada energía. El hombre tiene conocimiento de este fenómeno desde hace algún tiempo, cuando los astrónomos se percataron de que las estelas de los cometas siempre apuntaban en dirección contraria al Sol, lo cual sugería que los vientos solares son expulsados del Sol a una velocidad mayor de aquella a la que viaja el cometa. Esta investigación podría ayudar a aclarar, de una vez por todas, por qué aceleran tan rápido, a millones de kilómetros por hora.

La tercera cuestión que se espera resolver involucra a las llamadas partículas energéticas solares, que son las partículas altamente cargadas de energía emitidas ocasionalmente por el Sol, y que representan un gran peligro para los astronautas y las naves espaciales sin protección. Los investigadores han estado tratando de descifrar este misterio durante años, pero el problema principal reside en que nos encontramos a 149 millones de kilómetros de distancia, por lo que los datos recolectados no suelen ser lo suficientemente precisos para realizar un estudio concluyente.

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Hasta el día de hoy, los objetos creados por el ser humano que se han acercado más al Sol, son la nave Helios 1, que fue lanzada en diciembre de 1974 y que se acercó a unos 47 millones de kilómetros del Sol y su hermana la Helios 2, que estuvo 3 millones de kilómetros más cerca que su antecesora. Si todo sale según lo planeado, la misión Parker Solar Probe se lanzará en julio del 2018 y superará estos dos récords por mucho, acercándonos un poco más a develar los misterios de nuestro Sol.

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