Los 10 días que nunca existieron: el cambio al calendario Gregoriano

11-01-2018

Medir el tiempo no es cosa fácil...


Por: Luis Moctezuma

Medir el tiempo es una actividad importante para el ser humano. Siempre han existido métodos distintos para decidir en qué momento estamos y este cálculo no es sencillo. No hay una forma objetiva de definir el instante que se vive, por eso cada cultura ha elegido un momento importante de su historia o mitología para comenzar a contar y procedimientos diferentes para medir el tiempo transcurrido desde entonces.

El tiempo se mide en ciclos y la astronomía nos ayuda a definir algunos básicos. Si tomamos en cuenta el movimiento de la Tierra existen tres ciclos importantes que nos ayudan a medir el tiempo: el movimiento de nuestro planeta alrededor al Sol, la órbita de la Luna y el giro sobre el eje terrestre que permite el cambio entre día y noche. Estos tres ciclos sirven como base para calcular años, meses y días, respectivamente. Sin embargo, la medición del tiempo no es exacta y han ocurrido atrasos importantes en la historia.

El calendario que se acepta actualmente en la mayor parte del mundo es el Gregoriano, nombrado así en honor al Papa Gregorio XIII quien lo hizo oficial. Para el siglo XVI, en que se comenzó a usar este calendario, ya se habían notado que algunas fechas no coincidían. El calendario Juliano, llamado así por Julio César, se estaba desfasando. Si no se hacía algún ajuste las fechas empezarían a aparecer en momentos completamente diferentes a los que marcaban originalmente, como año nuevo que comenzaba a festejarse en primavera.

No todos adoptaron inmediatamente al calendario Gregoriano. Una de las explicaciones sobre el origen de April fools, similar al día de los Santos inocentes que se celebra en los países hispanoparlantes, es que se comenzó a hacer bromas a quienes festejaban el año nuevo en abril (del calendario Gregoriano), porque para ellos comenzaba apenas el año. En países como Inglaterra o Estados Unidos este calendario se aceptó hasta el siglo XVIII; con este retraso de dos siglos hay muchas confusiones sobre la fecha en que ocurrieron algunos eventos importantes.

Si medimos el año por el tiempo que tarda la Tierra en completar un ciclo alrededor del Sol tendríamos un año de aproximadamente 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos. Para no entrar en confusiones se tienen años de 365 días y otros de 366, aquí es donde el calendario Gregoriano resultó ser más práctico que el Juliano. El año de 366 días, que conocemos como bisiesto, aparece cada 4 años, pero si siguiéramos esa única regla como lo hacían en el antiguo imperio romano tendríamos un desfase importante. Con algunas reglas extra la precisión mejoró considerablemente.

Las reglas del calendario Gregoriano para definir los años bisiestos son las siguientes: 

  • - Hay un año de 366 días cada 4 años.

  • - Al llegar a un siglo no hay año bisiesto. Por ejemplo, el año 1900 tuvo únicamente 365 días, como pasó también con el 1800.

  • - Los siglos que son múltiplos de 400 si tienen año bisiesto. Por ejemplo, el año 2000 tuvo 366 días, al igual que el 1600.

Aún hoy se utilizan otros calendarios. El gregoriano no es el único ni el más preciso pero se acepta mundialmente como convención. Aunque lleva el nombre del líder religioso que lo impulsó fue diseñado por un equipo liderado por el astrónomo Christopher Clavius y el físico Aloyisius Lilius. Los primeros países en aceptar este calendario fueron España, Portugal, Italia y la República de las Dos Naciones (Polonia-Lituania), con el tiempo los demás se fueron agregando. Cuando se comenzó a utilizar el nuevo calendario desaparecieron los días entre el 5 y el 14 de octubre, en 1582.

Medimos el tiempo según nuestras necesidades. No existe un calendario completamente preciso, usamos uno que promete tardar mucho para fallar. El calendario Gregoriano se usa desde hace 5 siglos pero bien podría cambiarse en unos años. Aún durante su existencia ha tenido ajustes como la inclusión de los números negativos y la aparición del cero.

En los próximos años podríamos encontrar una forma más adecuada a nuestro ritmo de vida para medir el paso de los días, ¿cómo te imaginas que será?

 

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