México da un paso más en la lucha contra el calentamiento global

28-04-2016

Por: Alejandra Almed

Científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con colaboración de algunas instituciones nacionales, se están involucrando en una iniciativa para combatir el excedente de dióxido de carbono que llega a la atmósfera, a través de almacenarlo en acuíferos salinos.

Esta iniciativa en realidad se lleva practicando desde 1996 en Noruega, donde la compañía Statoil Hydro puso en marcha el primer proyecto de almacenamiento de CO2 en el yacimiento de gas de Sleipner, un acuífero salino profundo situado en alta mar a una profundidad de 800-1000 metros. Hasta la fecha, se han almacenado 10 millones de toneladas de CO2, el equivalente a las emisiones durante dos años de toda la flota noruega.

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Ahora, esto podría replicarse en México.

Como recordaremos, el mes pasado, la capital sufrió una crisis ambiental que rebasó los niveles permitidos de ozono en el aire, orillando a las autoridades a tomar medidas como el Programa Hoy No Circula, que limita el número de vehículos en las calles. Por lo tanto, el hecho de que México haya decidido participar en esta iniciativa, que parece ser una solución sin riesgo para combatir parte del cambio climático, es una excelente noticia para todos.

Mariano Cerca, Dora Carreón Freyre y Gilles Levresse son los expertos en geología e investigadores de la UNAM que están estudiando las condiciones del CO2 y las consecuencias de almacenarlo en formaciones geológicas profundas.

Las organizaciones que encabezan este proyecto son las secretearías de Energía (Sener) y del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), así como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología(ConaCyT); de igual manera,  colaboran las instituciones como Petróleos Mexicanos (Pemex), Comisión Federal de Electricidad (CFE), el Instituto de Investigaciones Eléctricas y el Centro Mario Molina. Esta iniciativa arrancó gracias al compromiso por parte del gobierno del estado para reducir las emisiones de estos contaminantes; no obstante, no debemos dejar de lado que esta es una alternativa que reduce los contaminantes ya emitidos por las industrias, y no una solución que prevenga dicha acción.

En el comunicado de prensa, presentado en el marco internacional del día de la Tierra, Cerca, doctor en Ciencias de la Tierra, dijo: “El calentamiento global ya pasó de la teoría a la realidad, la temperatura planetaria ha aumentado y debemos desarrollar actividades capaces de proteger al orbe”

La tecnología usada para este proyecto se llama CCUS que significa Carbon Capture, Use and Storage, la cual consiste en inyectar el CO2 en acuíferos salinos, a una profundidad de cinco a ocho kilómetros a una temperatura de 32 grados Celsius. El emplazamiento que se busca para esta inyección es una formación de rocas porosas llenas de agua salada. Cuando el dióxido de carbono licuado se disuelve en agua salada, el líquido resultante es más denso que cualquiera de sus componentes, por lo que se hunde de forma natural. Es un proceso lento, pero que se torna efectivo una vez que el dióxido de carbono se disuelve, ya que es casi imposible que la mezcla densa y pesada obtenida vuelva a la atmósfera. Estas condiciones hacen factible atrapar físicamente el carbono para que a largo plazo genere nuevos minerales, en vez de generar polución.

“Nuestra participación consiste en evaluar el efecto de introducir CO2 en depósitos antiguos de petróleo del país, donde ya se ha explotado ese recurso, y monitorear la inyección, pues debemos evitar riesgos como actividad sísmica o posible contaminación de acuíferos”, explicó el investigador Cerca.

La tarea es estudiar en los laboratorios el método para analizar las rocas de los sitios inyectados y reproducir las condiciones, con el fin de monitorear las reacciones químicas que se producen entre el CO2 y las rocas, de esta manera evaluar la cantidad de carbono que se puede introducir de manera segura.

Sin duda, esta es una gran iniciativa para combatir el uso de sustancias contaminantes y sus repercusiones al ambiente. Sin embargo, hay que recordar que no es únicamente tarea de los científicos e investigadores resolver estos problemas, sino que con pequeñas acciones podemos ser parte de la solución.

 


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Sobre la autora:
 
Alejandra es Historiadora de Arte 
y amante de la cultura y la naturaleza. 
Vive y trabaja en la Ciudad de México 
pero su corazón está en Chiapas. 

 

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