Grandes depredadores comienzan a reclamar viejos territorios

09-05-2018

La victoria de los depredadores...

Por: Luis Moctezuma

La presencia del hombre ha restringido a lo largo del tiempo los espacios que otras especies pueden habitar. Imaginamos fácilmente a un coyote en las montañas o en el desierto; sin embargo, los registros de los últimos años indican que también visitan zonas cercanas a la playa o marismas (zonas pantanosas similares a las ciénagas, pero con plantas pequeñas). Un grupo de investigadores, dirigido por Brian R. Silliman de la Universidad de Duke en Estados Unidos analizó lo que pasa con este y otros grandes consumidores alrededor del mundo.

Grandes consumidores en el mundo

La mayoría de las especies que estudiaron Silliman y su equipo son predadores. Animales reconocidos por su ferocidad son los protagonistas de este estudio: cocodrilos, zorros rojos, linces, osos pardos, entre otros. Podría pensarse que se trata de un estudio sobre cazadores; sin embargo, se menciona a otras especies como orangutanes que, si bien no son predadores, sí consumen grandes cantidades de alimento entre frutas, hongos, hojas e insectos.

            Los investigadores llaman a estas especies “consumidores de cuerpos grandes”. Se parte de una idea básica: no sabemos cómo influyó la presencia humana en su distribución y los únicos datos sobre las regiones que habitan se recopilaron cuando la presencia humana ya había delimitado los hábitats en que podían vivir. ¿El título de la investigación “Are the ghosts of nature’s past haunting ecology today?” (¿Los fantasmas del pasado natural se manifiestan en la ecología hoy?) insinúa una de las hipótesis que se presentan. 

¿Invasores, colonizadores o nativos?

Una de las teorías más difundidas sobre la presencia de animales en hábitats poco comunes es la falta de comida, Silliman y su equipo proponen algo diferente. Fuera de una escasez de comida, lo que se sugiere es que sus poblaciones comienzan a recuperarse y pueden ir más allá de los espacios a los que el hombre los confinó. Al parecer no se trata de una apropiación de espacios nuevos sino la recuperación de los que antiguamente les perteneció.

Con el paso del tiempo el hombre ha transformado algunos ecosistemas. Mientras que la presencia de cocodrilos en playas parece extraña, hay otros casos en los que se suma un peligro tanto para los “consumidores de cuerpos grandes” como para la población humana. Para osos pardos y negros la situación es más complicada pues regresan (o invaden, según se quiera ver), zonas urbanas y suburbanas.

            En algunos casos estas especies están poblando espacios que nos parecerían poco propicios para su desarrollo. A diferencia de lo que podría imaginarse su adaptación ha sido notable. Ejemplo de esto son los cocodrilos, que asociamos con terrenos rodeados de agua dulce y que han demostrado funcionar sin problemas en playas con presencia de agua salada. Otro ejemplo serían los lobos, típicos de zonas boscosas que ahora se desplazan tranquilamente por praderas como las del parque nacional de Yellowstone en Estados Unidos.

¿Coexistir con los antiguos pobladores de las áreas que habitamos?

Para su análisis, Silliman y sus colegas recurrieron a los documentos más recientes que encontraron. Para esto internet fue un recurso de gran importancia. Consultaron documentos académicos recientes para estimar las poblaciones actuales de las especies sobre las que hablan en su estudio. Cada vez es más frecuente la presencia de “consumidores de grandes cuerpos” en espacios que no reconocemos como suyos y es necesario tomar medidas para coexistir pacíficamente.

            En México es posible ver algunas de las especies que se mencionan en la investigación citada. Pumas, osos y coyotes forman parte de la fauna de nuestro país y ya se les puede ver en espacios que habitualmente no asociamos con ellos. Esto representa un reto para nosotros, ¿qué hacer si un oso aparece en una zona urbana?, ¿cómo reaccionar cuando un puma se muestre en una zona de paso humana? Es importante tomar medidas para evitar aislarlos nuevamente sin afectar nuestras actividades.

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