Impresión artística de Beipiaosaurus, uno de los dinosaurios con plumas estudiados.

¿Los dinosaurios tenían caspa?

31-05-2018

Una clave para confirmar la presencia de plumas en los dinosaurios sería hoy motivo de vergüenza.

Por: Luis Moctezuma

Cualquiera que haya descubierto polvo blanco sobre su cabello habrá sentido terror, algo muy diferente a lo que ocurrió con un grupo de investigadores frente a un fósil jurásico encontrado en China. No se trata de un problema de higiene, pero si de una pieza en ese enorme rompecabezas que son los dinosaurios.

            La caspa en humanos es parte del proceso de deshecho de células muertas en el cuero cabelludo. Algo similar pasó con la piel fosilizada sobre la que recientemente apareció un artículo en la revista Nature. A diferencia de lo que suele pensarse de la caspa, no aparece por falta de higiene, si no que lo que hace es mostrarnos que nuestra piel desecha células muertas con mucha rapidez. Y resulta que este es un factor importante para comprender la forma en que algunos dinosaurios no aviares usaban sus plumas.

 Dinosaurios emplumados

Hace algunas décadas imaginábamos a los dinosaurios como enormes lagartijas de colores opacos. Desde hace algunos años es cada vez más aceptada la idea de reptiles emplumados, más parecidos a las aves actuales. Aunque las plumas tienen una función muy clara en el vuelo de las aves, para los dinosaurios era diferente.

            La piel es un órgano que varia su grosor dependiendo las distintas especies. Es más o menos sencillo imaginar a un cocodrilo o una serpiente  descamándose para renovar su piel. Estos animales son, o creíamos que eran, nuestro mejor referente para los antiguos dinosaurios que no volaban; sin embargo, con la presencia de plumas este proceso debía ser distinto, pues las plumas representan una capa más delgada de piel.

            Los restos de piel que se analizaron provienen de algunos maniraptores: Sinornithosaurus y Microraptor, además del ave Confuciusornis. Un manirraptor, o manos de ladrón, es un ser con brazos pequeños que surgió en el Jurásico y que sus sobrevivientes de nuestra época son aves. Aunque los fósiles del estudio pertenecen a una familia que posteriormente volaría, estos especímenes jamás lo hicieron.

            En el análisis de la piel fosilizada se encontraron bloques con descamación de corneocitos epidérmicos. Aunque en el estudio se evitó la palabra caspa, se encontraron dimituos copos de piel superficial, de entre 1 a 2 ml. de ancho. Estos contenían colecciones de citoesqueletos enroscados de tonofibrillas de keratina muy parecidas a las que se encuentran en las aves modernas y en la caspa humana. Esto confirma que la piel de aquellos seres del Jurásico medio era más parecida a la de las aves actuales que a la de los reptiles.

Con plumas para no volar

 Las aves actuales tienen una distribución generosa de grasa intercelular, sin embargo la piel que fue examinada no. La explicación es muy sencilla: no estaban hechas para volar.  

     La grasa en la piel de las aves ayuda a regular la temperatura durante el vuelo. Gracias a ella se reduce el calor que produce la acción de volar. A diferencia de sus parientes actuales, los maniraptores del jurásico tenían una piel que no se enfriaba, al menos no con la facilidad de las aves. La densidad de corneocitos era mucho mayor en la piel fosilizada. Este diseño que no enfriaba la piel sugiere que los maniraptores jurásicos nunca se adaptaron al vuelo.

    Los dinosaurios ahora son imaginables con plumas y con pies en la tierra. Incluso podemos agregarles un atributo que a pocos nos parece admirable: la caspa.

    Gracias a este pequeño detalle conocemos un poco más la forma en que vivieron los seres que dominaron la tierra mucho antes que nosotros. Dentro de algunos años, quizá, hasta dejen la imagen monstruosa con que muchos crecimos, pero definitivamente seguirán siendo cautivadores.

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