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47% de las patentes genéticas marinas pertenecen a una sola empresa

12-06-2018

¿Quién es dueño de la biodiversidad marina?

Por: Luis Moctezuma

 

Entre las pocas cosas que no pertenecen a nadie está la vida en todas sus presentaciones. Sin embargo, existen algunas formas de apropiarse de algunos detalles de ella. Un ejemplo de esto son las secuencias genéticas. El ser vivo ya existe por sí mismo sin necesidad de invención por un ser humano o industria, pero la información de su ADN sí es capaz de patentarse.

            La información genética de un ser vivo tiene aplicaciones en la investigación; de ahí que el poseer la información genética sea valioso. En el caso de los ecosistemas marinos la legislación internacional se ha quedado corta. Para septiembre de este año se comenzarán negociaciones sobre una nueva legislación por parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que buscará mayores condiciones de equidad para la información marina.

El panorama actual

Un estudio recientemente publicado en la revista Science Advances analizó las patentes asociadas con las secuencias genéticas de la biodiversidad marina. De 38 millones de registros obtenidos 12,998 tenían relación con la vida marina. En total estas patentes hacían referencia a 862 especies marinas.

            Estos registros sobre la propiedad legal de la información genética abarcan todo tipo de especies. La mayoría pertenecen a especies microbianas, el 19%; sin embargo, hay patentes que parecerían extrañas como la esperma de ballena (importante por su alto valor comercial). El 16% pertenece a peces. En el caso de los moluscos estos tienen un 3% de presencia.

            La mayor parte de las patentes sobre secuencias genéticas pertenecen a empresas privadas. Específicamente, 84% de ellas pertenecen a compañías privadas. Las universidades, tanto privadas como públicas tienen un 12% de las patentes, mientras que el 4% restante le pertenecen a instituciones de gobierno, individuos, hospitales e instituciones de investigación sin fines de lucro.

Hay una gran brecha entre las empresas privadas y otro tipo de instituciones en el registro de patentes y aún en este grupo hay diferencias. Una sola empresa mantiene un número superior a todas las demás juntas. BASF, una empresa dedicada a los químicos con base en Alemania tiene el 47% de los derechos sobre secuencias genéticas marinas. Las otras 220 empresas con registro tienen apenas el 37%.

En el caso de las universidades también hay un desbalance. 56% de las patentes le pertenecen al Instituto de Ciencia Weizmann de Israel. Los registros se encuentran a nombre de su dependencia comercial Yeda Research and Development Co. Ltd. Tanto para las empresas privadas como para las universidades hay una institución dominante.

La desigualdad en la distribución de patentes es un tema que habrá de tratarse en la próxima reunión de la ONU. Por ahora el fondo marino es algo que no se ha explotado con tanta intensidad como los recursos terrestres pero los autores de la investigación advierten de los peligros de crear un mercado similar: que una empresa tenga la mayor parte de las patentes reduce las posibilidades de competencia.

Como ejemplo de los efectos nocivos se hace una comparación con las semillas. En este terreno hay una diferencia considerable, las empresas grandes como DuPont, Bayer, Monsanto, Syngenta y Dow tienen pocas patentes; sin embargo cuentan con muchas subsidiarias que hacen difícil el conteo. Aún sin esos datos tan precisos como los del mar, es notable la influencia de unas cuantas empresas que definen precios internacionales para su propio beneficio.

La ONU tiene una tarea importante para septiembre. Aunque los seres vivos existen independientemente de la investigación humana, las leyes internacionales sí consideran que un particular posea los derechos sobre la información de estos. Si se permite que una empresa acapare la mayor parte de la información genética de los habitantes del mar estaremos repitiendo el mismo sistema que ya nos está dando problemas en tierra firme. Habrá que confiar en que este organismo internacional considere los intereses de la mayoría.

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