Foto: UNAM

No, el lobo gris mexicano aún no se recupera de la amenaza de extinción

18-06-2018

Pero va por buen camino.

Por: Luis Moctezuma

 

En 1976 el lobo gris mexicano (Canis lupus baileyi) se unió a la lista de especies en peligro de extinción en Estados Unidos. En algún momento de su historia poblaron el norte de México y el sur de Estados Unidos. Para la década de los 70 quedaban apenas 50 ejemplares. Después de varias décadas de lucha por su conservación ya se tiene una población de 356 ejemplares. Si bien es un enorme avance, es erróneo pensar que esto elimina a esta especie de la lista en peligro de extinción, pues se necesitan 3,000 ejemplares para que se considere como tal, pero sin duda es un paso más cerca de lograrlo. 

El camino a la extinción

Como buenos caninos, los lobos grises mexicanos se dedicaban a la caza. Su dieta original incluía venado de cola blanca, pecarí de collar (una especie de cerdo salvaje), conejos, liebres y guajolotes silvestres, además de roedores. Gracias al avance de las rancherías en la zona que habitaban, la comida fue cada vez menos y se vieron atraídos por el ganado.

Para la década de los 50 la persecución de esta especie se volvió popular; tanto al sur de Estados Unidos como al norte de México se les perseguía para evitar que atacaran al ganado. Entre la cacería y el envenenamiento llevaron al lobo gris mexicano al borde de la extinción en apenas 2 décadas.

La lucha por recuperar a una especie

El último registro de lobos grises mexicanos en vida silvestre fue en la década de los 80. Para regresarlo a su entorno natural pasaron varias décadas de trabajo conjunto entre distintas organizaciones mexicanas y estadounidenses, 55 en total. Se tomaron especímenes de todos los orígenes posibles para evitar problemas reproductivos por consanguinidad.

Entre los participantes estuvo el Zoológico de San Juan de Aragón. En 1981 se donó una camada al Instituto de Ecología para criarlos en cautiverio en la reserva de la Michilía en Durango. Sin embargo, fue hasta 1995 que se les reconoció como parte de la especie y se les consideró como parte del programa de conservación de esta especie.

La tarea de conservar una especie incluye una serie retos que en su momento parecían imposibles. Los esfuerzos iniciales para conservarlos incluyó conseguir ejemplares vivos. Entre 1977 y 1980 el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos capturó 5 lobos en Durango, entre los cuáles sólo había una hembra. Así comenzó el programa de cría en cautiverio. A principios de la década de los 90 se agregaron un par de lobos más y posteriormente los que provenían del zoológico de San Juan de Aragón.

La reinserción de Lobos grises mexicanos a su medio ambiente natural comenzó hace apenas un par de décadas. Arizona fue el primer territorio en recibir una población de apenas 11 lobos. Después le siguió Nuevo México en el 2000. En 2008 el gobierno mexicano hizo su parte al poner en marcha el Programa de Acción para la Conservación de Especies: Lobo Gris Mexicano.

Para reconocer a un lobo gris mexicano

Incluso a los especialistas en el área se les puede dificultar reconocer a un ejemplar de esta especie. Los lobos cuentan con poblaciones en Norteamérica, Europa y Asia. En Norteamérica hay 30 subespecies. Además de ser el más pequeño del continente en lobo gris mexicano tiene otras características.

            Los machos son más grandes que las hembras; su tamaño es de entre 1 y 1.2 metros de largo. Su altura es de 60 a 80 cm. El peso de un macho es de entre 30 y 40 kg y en el caso de las hembras van de los 25 a 30 kg. Como referencia, otras especies más cercanas al norte del continente llegan a tener el doble de peso.

            A pesar de su nombre, su colorido es variable. Su coloración es café amarillenta y café grisácea. Su hocico es oscuro, su nariz ocre, sus cachetes y la orilla de sus labios son blancos. Su cola es de color café grisáceo u ocre con pelos negros en el dorso, en ambos casos el pelo es largo. Sus patas delanteras son blanco amarillento y tienen una línea angosta rojiza u oscura.

El futuro de la conservación

La reinserción a sus ambientes naturales presenta varios retos. Durante la crianza de estos lobos es importante mantenerlos alejados del contacto humano ya que esto ha tenido efectos negativos. Al crear vínculos con criadores humanos tienden a buscar a nuestra especie cuando se ven en su ambiente silvestre; esto lleva a que nuevamente los rancheros los vean como un peligro.

            Otro reto en la conservación es la mezcla genética con perros. Ya se han detectado híbridos conocidos como “loberros” o “coyolobos”. Si los Lobos grises mexicanos empiezan a acercarse a las poblaciones humanas corren riesgo de ser cazados, además de reproducirse con otras especies y perder sus características propias para futuras generaciones.

Por ahora los ejemplares liberados llevan collares que ayudan a su rastreo. La vida en forma silvestre no es fácil para estos lobos. Un caso famoso es el de “Carlitos”, que tras ser liberado fue incapaz de cazar, depredó ganado y tuvo que regresar a cautiverio nuevamente.

Lentamente los lobos grises mexicanos regresan a su hábitat. Parte del programa incluye que se libere a los individuos más representativos de la especie y estos deben ser capaces de vivir en un ambiente silvestre sin presencia humana. Por ahora los estados de Sonora, Chihuahua, Durango, Zacatecas y Nuevo León, en México, y Arizona y Nuevo México, en Estados Unidos, son los espacios que albergan a los nuevos ejemplares de Lobo gris mexicano.

**Nota: el título original de este artículo hacía referencia a la supuesta desaparición del lobo gris mexicano de la lista de especies en peligro de extinción, pero tras la aclaración de la Dra. Xóchitl Ramos y de algunos usuarios en redes sociales, el título fue modificado para no confundir y desinformar a los lectores. 

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