2026 ha sido un año con mala calidad del aire para el Valle de México Copiar al portapapeles
POR: Luis Moctezuma
14 marzo, 2026
El primer trimestre de 2026 ha tenido el peor inicio de año en cuanto a calidad del aire de la última década. Existen varios factores que influyen para que la metrópoli concentre grandes cantidades de contaminantes aéreos.
No es un problema nuevo. Desde la década de los 70 del siglo XX la calidad del aire en la Ciudad de México y sus alrededores ha ido en detrimento.
¿Por qué se contamina el aire del Valle de México?
De acuerdo con Gilberto Sven Binnqüist Cervantes, quien es profesor del Departamento del Hombre y su Ambiente en la UAM Xochimilco, hay dos tipos de procesos que influyen para que el aire de la metrópoli se contamine.
De forma natural, el territorio natural es vulnerable. La orografía del Valle de México limita el flujo del viento. Alrededor de la ciudad las montañas forman una especie de herradura con abertura hacia el norte y cerrada hacia el sur. De esta forma, la entrada de viento ocurre de norte a sur y se estanca al chocar con las montañas.
Otro factor natural que influye es la altura. La CDMX se ubica a 2,240 metros de altura sobre el nivel del mar. Esto influye en el desempeño de los motores de combustión interna, no son completamente efectivos y contaminan.
Del lado de las causas humanas hay dos fuentes principales de contaminantes. Algunas son fijas, como la industria, y otras móviles, como los vehículos de transporte que queman combustible.
A partir de la década de 1970 comenzaron las altas concentraciones de contaminantes en el aire. La industria aumentó su producción de azufre y partículas pm10. Por su parte, los vehículos aún no eran un problema tan grande como lo son ahora.
Durante las últimas décadas se han tomado acciones para regular la emisión de contaminantes, tanto fijos como móviles. La industria ha reducido sus emisiones de dióxido de azufre. Mientras tanto, los automóviles particulares se han incrementado exponencialmente.
Medir la calidad del aire en el Valle de México
La segunda mitad del siglo XX estuvo marcada por la contaminación del aire para la Ciudad de México y su zona conurbada. Desde la década de los 40 comenzó a reconocerse el deterioro ambiental. De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente, el primer indicio fue la visibilidad, que pasó de un rango de 4 a 10 kilómetros en los 40 a otro de 2 a 4 kilómetros para los 50.
Para la década de 1950 la Dirección de Higiene Industrial de la Secretaría de Salubridad y Asistencia comenzó a estudiar la calidad del aire en la Ciudad de México y se confirmó que estaba contaminado.
En la segunda mitad de la década de 1960 surgió la Red Panamericana de Muestreo Normalizado de la Contaminación del Aire (REDPANAIRE). Esto llevó a la instalación de instalaciones de monitoreo de dióxido de azufre, partículas suspendidas, polvo sedimentable y acidez. A partir de entonces las estaciones de monitoreo fueron incrementando, además la tecnología de medición se volvió cada vez más sofisticada.
Un año que inicia altamente contaminado
De acuerdo con el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A.C. (CEMDA), “prácticamente todos los días de 2026 han registrado niveles de contaminación que elevan riesgos para la salud”, así lo reporta Aristegui Noticias.
En lo que va del año han ocurrido cinco contingencias ambientales por la calidad del aire en el área metropolitana. Estas se registraron el 1 y 8 de enero, 12-14 y 15 de febrero. La última ocurrió el pasado 10 de marzo.
Cuatro de estas contingencias se han dado por altos niveles de ozono. Esta sustancia se asocia con el aumento en los casos de enfermedades respiratorias. Quienes padecen asma o enfermedad obstructiva crónico pulmonar sufren complicaciones. Además, aumenta riesgos cardiovasculares en poblaciones vulnerables como niños, adultos mayores y mujeres embarazadas.
Aunque las contingencias ambientales son un momento en que recordamos que la calidad del aire en la CDMX es mala, regularmente se encuentra cerca de los límites. Los efectos acumulativos de la calidad del aire tienen impacto en la salud de los habitantes. Las políticas públicas de los próximos años tendrán que considerar el impacto ambiental del transporte y la industria para que los capitalinos puedan tener una calidad de vida aceptable.
