ChemaTierra ahora también se leerá en náhuatl Copiar al portapapeles
POR: Deyanira Almazán
9 enero, 2026
Este año, en ChemaTierra decidimos dar un paso que para nosotras no es menor: nuestra revista ahora también se leerá en náhuatl.
No se trata solo de traducir palabras. Se trata de reconocer algo esencial: como ha señalado la UNESCO al conmemorar el Día Internacional de la Lengua Materna, la lengua materna es la base del aprendizaje, de la identidad y del pensamiento. Así que la ciencia también debe contarse en la lengua que te nombra el mundo.
Leer en México: un desafío pendiente
En México enfrentamos retos importantes en hábitos de lectura y comprensión. Las mediciones nacionales muestran que los índices de lectura han disminuido en los últimos años y que una parte importante de niñas, niños y adolescentes no desarrolla hábitos sólidos de lectura por gusto o comprensión profunda.
A nivel internacional, las evaluaciones educativas también revelan desafíos en comprensión lectora y pensamiento científico entre estudiantes mexicanos. Esto no significa falta de talento o curiosidad; significa que aún tenemos una deuda estructural en el acceso equitativo al conocimiento.
Y cuando hablamos de acceso, no podemos olvidar la dimensión lingüística.
El náhuatl: una lengua viva
En México existen 68 agrupaciones lingüísticas indígenas. El náhuatl es la más hablada: más de 1.6 millones de personas lo hablan actualmente en el país. En la Ciudad de México, el náhuatl sigue siendo la lengua indígena con mayor presencia, especialmente en alcaldías como Milpa Alta, donde la transmisión intergeneracional continúa viva.
El náhuatl no es una lengua del pasado. Es una lengua del presente. Se habla en casas, en mercados, en asambleas comunitarias, en celebraciones y en la vida cotidiana.
Entonces la pregunta es inevitable:
¿por qué la ciencia casi nunca se ofrece en esa lengua?
Ciencia para todos, en todas las lenguas
Traducir ChemaTierra al náhuatl no es un gesto simbólico ni decorativo. Es un acto de coherencia.
Muchas niñas y niños que hablan o escuchan náhuatl crecen en contextos donde el acceso a contenidos científicos es limitado por barreras geográficas, económicas o tecnológicas. A esto se suma una barrera invisible pero poderosa: la lengua.
Si el conocimiento solo circula en español o en inglés, no todos parten del mismo lugar.
Por eso creemos que hablar de volcanes, suelos, agua, biodiversidad, minerales, clima o estrellas también puede —y debe— hacerse en náhuatl. Porque las preguntas sobre el mundo no nacen en un solo idioma. Porque la curiosidad no tiene lengua dominante. Porque la ciencia no pertenece a una cultura específica.
Cada número de ChemaTierra será traducido con el apoyo de hablantes expertos, respetando las variantes y el sentido cultural de la lengua. No buscamos una traducción literal: buscamos una traducción viva, comprensible y significativa.
Más que una revista: presencia territorial
Este proyecto forma parte de un esfuerzo más amplio.
Con el apoyo de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (SECTEI), estamos duplicando el tiraje de la revista y ampliando nuestros talleres científicos en bibliotecas y espacios comunitarios de la Ciudad de México.
No solo llevamos revistas.
Llevamos actividades, preguntas, experimentos, conversación.
Llevamos la posibilidad de que una niña o un niño descubra que la ciencia también habla como su abuela.
En Milpa Alta —donde recientemente distribuimos esta edición— la recepción fue clara: cuando la lengua está presente, el mensaje llega distinto. Hay identificación. Hay orgullo. Hay pertenencia.
Diversidad lingüística es también diversidad científica
La UNESCO insiste en que la educación en lengua materna mejora los procesos de aprendizaje y fortalece la identidad cultural. Pero hay algo más: la diversidad lingüística amplía las formas de observar el mundo.
Las lenguas originarias contienen maneras propias de nombrar la naturaleza, de entender el territorio, de describir el agua, la tierra, el cielo. Integrar la ciencia a esas lenguas no empobrece el conocimiento; lo enriquece.
Por eso esta apuesta no es solo editorial. Es ética.
Creemos en una divulgación científica que no imponga, que no traduzca desde arriba, que no simplifique identidades. Creemos en una ciencia cercana, situada y culturalmente respetuosa.
¿Qué sigue?
Ya puedes consultar las primeras ediciones bilingües en nuestras plataformas digitales, en bibliotecas públicas y en los espacios donde realizamos talleres.
Seguiremos compartiendo materiales didácticos y actividades complementarias para que la lectura se acompañe en casa y en el aula.
Porque si queremos una sociedad más justa, más crítica y más preparada para enfrentar los desafíos ambientales y científicos del presente, necesitamos empezar por algo sencillo pero poderoso:
Que la ciencia también se escuche en la lengua que te enseñó a decir “mundo”.
