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Descubren santuario subterráneo en Chichén Itzá

05-03-2019

Llevaba más de 1,000 años aislado

Por: Luis Moctezuma

 

Bajo Chichén Itzá se ocultaba un espacio arqueológico que sus descubridores consideran lleva al menos mil años aislado. El proyecto Gran Acuífero Maya (GAM) explora las profundidades de la Península de Yucatán. Uno de sus objetivos es encontrar las conexiones entre los cenotes y su relación con el entorno biológico y cultural. La ciudad maya que desde hace algunos años es considerada una de las maravillas del mundo moderno se encuentra en un punto estratégico respecto a la estructura cavernosa de la península.

¿Todos los caminos llevan a Kukulcán?

El templo dedicado a Kukulcán, también conocido como Pirámide de Kukulcán, o simplemente  “El castillo”, se encuentra en el cruce de 4 cenotes. Esto lo afirmaba Guillermo de Anda en un artículo publicado en el número 156 de la revista Arqueología Mexicana. Para este arqueólogo, los estudios de electrorresistividad que había hecho René Chávez mostraban un cenote bajo el Templo de Kukulcán. Ahora ha sido él mismo quien confirmó la existencia de restos ceremoniales en una cueva bajo la pirámide.

Guillermo de Anda ha sido el primero en entrar a esta caverna en, al menos mil años. Se trata de un trabajo conjunto entre el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y National Geographic. En ella se encontraron 150 objetos rituales. El anuncio oficial se hizo este lunes 4 de marzo en la Ciudad de México.

Durante más de medio siglo no se había explorado el interior de la ciudad maya de Chichén Itzá. En 1966 el arqueólogo Víctor Segovia Pinto había hecho una exploración acompañado de campesinos. En aquella ocasión se hizo un reporte haciendo notar que había restos arqueológicos y se selló la excavación. Ahora como parte del proyecto GAM se volvió a las entrañas de Chichén Itzá.

Debajo de Chichén Itzá hay un sistema de cámaras con fines rituales. En esta nueva expedición a las profundidades del mundo maya los arqueólogos se internaron por grietas hasta encontrar una caverna. El acceso fue complicado, para llegar se arrastraron entre las grietas hasta que finalmente llegaron a una de ellas. Ahí estaba frente a ellos los restos de una ofrenda intacta.

Una nueva oportunidad para comprender la historia maya

Con la confirmación de este espacio ritual subterráneo se podrá estudiar más a fondo la civilización maya. Esta cultura antigua daba una gran importancia a los espacios subterráneos. Para los mayas, las cuevas y cenotes eran una entrada al inframundo, así lo afirma Holley Moyes de la Universidad de California en Merced, quien no forma parte del proyecto. Estos espacios eran tan importantes que influían en la planeación territorial y la organización social.

Hasta la década de los 80 del siglo pasado se conocía a la cultura maya por los restos sobre la superficie. Entonces apareció el concepto de arqueología de cuevas. La exploración subterránea ha dado nuevos indicios sobre la forma en que vivían los pobladores antiguos de la Península de Yucatán. Cuando en 1959 se excavó en Balankanché, cerca de Chichen Itzá, la exploración estaba muy lejos de lo que hoy es posible, ni el procedimiento ni los instrumentos eran adecuados, muchas piezas fueron removidas de su lugar original y apenas y se les pudo analizar.

Hoy la exploración subterránea nos da la oportunidad de adentrarnos en una cultura enigmática. Hacia el siglo XVIII, ciudades mayas como Chichen Itzá decayeron, su población desapareció aparentemente sin explicación. Los restos encontrados bajo Chichen Itzá “nos puede hablar no sólo del colapso de Chichén Itzá… también probablemente nos hable de sus inicios”, en palabras de Guillermo de Anda.

 

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