Coincidencias cósmicas: Hawking, Galileo y Einstein Copiar al portapapeles
POR: Alejandra Almed
8 enero, 2026
La historia de la ciencia está llena de números, fechas y constantes. Algunas son fundamentales para entender el universo; otras, simples casualidades que despiertan nuestra curiosidad. Entre estas últimas hay una que ha fascinado a lectores y usuarios de redes sociales: la coincidencia entre las fechas de vida y muerte de Stephen Hawking, Galileo Galilei y Albert Einstein.
Stephen Hawking fue uno de los físicos más influyentes y mediáticos del siglo XX y comienzos del XXI. Supo explicar conceptos complejos del cosmos con un lenguaje accesible, escribió libros que acercaron la cosmología al público general y se convirtió en un ícono cultural, con apariciones incluso en series como The Simpsons o The Big Bang Theory. Pero más allá de su legado científico y mediático, su biografía parece entrelazarse simbólicamente con la de otros gigantes de la ciencia.
Un nacimiento marcado por la historia
Galileo Galilei es considerado uno de los padres de la ciencia moderna. Defensor del heliocentrismo —la idea de que la Tierra no es el centro del universo—, su trabajo desafió directamente la visión dominante de su época y le trajo conflictos con la Iglesia católica, que lo condenó a pasar sus últimos años bajo arresto domiciliario.
Galileo no solo transformó nuestra manera de entender el cosmos; también sentó las bases del método científico moderno al insistir en la observación, la medición y la experimentación. Estudió la caída de los cuerpos, mejoró el telescopio y observó las cuatro lunas más grandes de Júpiter, hoy conocidas como Ío, Europa, Ganímedes y Calisto.
Su vida terminó el 8 de enero de 1642, en Arcetri, cerca de Florencia. Exactamente 300 años después, el 8 de enero de 1942, nació Stephen Hawking en Oxford, Reino Unido. La coincidencia es llamativa: un científico que desplazó a la Tierra del centro del universo muere el mismo día en que nace otro que, siglos después, ayudaría a comprender el origen del cosmos, los agujeros negros y el tiempo mismo.
No hay una relación causal, por supuesto, pero la simetría temporal resulta poderosa. Para muchos, es una forma poética de pensar la continuidad del pensamiento científico: como si una antorcha simbólica pasara de una generación a otra.
Dos mentes, un mismo espíritu científico
Las similitudes entre Galileo y Hawking van más allá del calendario. Ambos cuestionaron ideas establecidas, ambos incomodaron a su tiempo y ambos apostaron por una ciencia que no se limita a describir el mundo, sino que se atreve a replantearlo. Galileo desafió la autoridad religiosa; Hawking, desde una silla de ruedas y con una enfermedad degenerativa, desafió las limitaciones físicas y las fronteras del conocimiento.
Los dos compartieron algo más: la convicción de que el universo puede comprenderse mediante leyes naturales, sin necesidad de explicaciones sobrenaturales. En ese sentido, Hawking fue heredero directo del espíritu galileano.
Una muerte escrita en clave matemática
La vida de Hawking también parece cerrarse con otra coincidencia notable. El 14 de marzo de 2018, día en que murió, se celebra el Día de Pi, en honor al número π (3.14). La fecha —14 del mes 3— fue propuesta en 1988 por el físico Larry Shaw y oficializada en Estados Unidos en 2009.
Pero el 14 de marzo también es el día en que nació Albert Einstein, en 1879. Así, Hawking murió en el aniversario del nacimiento de otro de los grandes genios de la física, con quien compartió algo más que fechas: ambos murieron a los 76 años.
Einstein desconfiaba del azar y solía decir que “Dios no juega a los dados”. Hawking, con su característico ingenio, respondió décadas después: “No solo Dios juega a los dados, sino que a veces los lanza donde no podemos verlos”.
Coincidencias que inspiran y no se explican
Hay más paralelismos curiosos: Hawking ocupó la Cátedra Lucasiana de Matemáticas en la University of Cambridge, la misma que tuvo Isaac Newton siglos antes, y su tumba se encuentra cerca de la de él. Sin embargo, ninguna de estas coincidencias explica su genialidad.
Las fechas, las edades y los números no hacen a un científico, pero sí nos recuerdan algo profundamente humano: nuestra necesidad de encontrar patrones, historias y sentido incluso en el azar. Quizá por eso sigue fascinando que el autor de Breve historia del tiempo haya nacido el día que murió Galileo y haya muerto el día que nació Einstein.
No es una señal cósmica ni una profecía científica. Es, simplemente, una hermosa casualidad que nos invita a mirar la historia de la ciencia como una conversación continua, donde las ideas sobreviven a los cuerpos y el conocimiento se hereda, siglo tras siglo, como una constelación en expansión.
