El reloj del fin del mundo se actualiza Copiar al portapapeles
POR: Luis Moctezuma
27 enero, 2026
El reloj del fin del mundo es una metáfora creada a mediados del siglo pasado. Su objetivo es crear conciencia sobre los riesgos a los que nos enfrentamos como especie.
Recientemente se actualizó. Este año comienza con un conteo de 85 segundos antes de medianoche, lo que significa que nos acercamos más al final del conteo respecto a los años anteriores.
Un reloj que nos recuerda las grandes amenazas
La actualización del reloj del fin del mundo de 2025 marcó 89 segundos antes de medianoche. Las 12 en punto es ese momento en que el mundo, tal como lo conocemos, terminará de acuerdo con esta metáfora. No es una advertencia gratuita.
La iniciativa de crear un reloj que nos alerte sobre la posibilidad del fin del mundo surgió en 1945. Entre sus promotores estuvieron Albert Einstein y J. Robert Oppenheimer, así como científicos de la Universidad de Chicago que participaron en el proyecto Manhattan.
El reloj del fin del mundo fue creado por el Boletín de Científicos Atómicos un par de años después de la propuesta. El planteamiento es sencillo, cuando el reloj llegue a media noche habremos alcanzado el apocalipsis. El Consejo de Ciencia y Seguridad (SASB) es el encargado de ajustarlo cada año, se trata de un grupo de expertos reconocidos a nivel mundial.
Originalmente surgió como una advertencia sobre los riesgos del uso de armas nucleares. Actualmente considera otros riesgos como el cambio climático y las tecnologías disruptivas.
Un gran avance hacia el fin del mundo
Este año hemos avanzado 4 segundos respecto al anterior. La primera razón que se menciona es el colapso de los acuerdos internacionales que se habían logrado con un gran esfuerzo durante décadas.
Actualmente las naciones poderosas como Estados Unidos, China y Rusia están incrementando su nacionalismo, rivalidad y agresividad ante los demás. Estamos viviendo una era de competencia entre las grandes potencias, lo que deja a un lado la cooperación internacional.
En este panorama, varios temas clave quedan en condiciones vulnerables. Es el caso de la guerra nuclear, el cambio climático, el uso indebido de biotecnología, así como la amenaza potencial de la inteligencia artificial y otros peligros apocalípticos. Muchos líderes políticos están adoptando políticas que aceleran, antes que reducir, estos riesgos.
A principios de 2025 el panorama parecía alentador. El presidente estadounidense, Donald Trump, mostró interés en finalizar el conflicto entre Ucrania y Rusia, incluso se sugirió la “desnuclearización” de las grandes potencias. Sin embargo, durante el desarrollo del año pasado se vivió el crecimiento de tensiones regionales con amenaza de uso de armas nucleares. Tres conflictos son los que señala el Boletín.
El primero es el que continúa entre Ucrania y Rusia, donde la segunda de estas naciones hizo referencia al uso de armas nucleares. El segundo es entre India y Pakistán que incluyó el cruce de fronteras con drones y misiles. Finalmente, Israel y Estados Unidos lanzaron ataques aéreos contra instalaciones nucleares en Irán.
Lejos de un desarme nuclear, estamos en un panorama de rearme y sofisticación de armamento. China ha incrementado su arsenal nuclear. Estados Unidos, Rusia y China han modernizado sus sistemas de envío nuclear. Finalmente, Estados Unidos planea un sistema de defensa multicapa ante misiles ubicado en Groenlandia al que llama “Globo Dorado”. La posibilidad de guerra con tecnología espacial está latente.
La guerra no es el único riesgo. El cambio climático sigue avanzando. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzó un nuevo máximo histórico: 150% respecto a la era preindustrial. En 2024 se alcanzó la mayor temperatura promedio en el mundo en los últimos 175 años y 2025 tuvo registros muy parecidos.
La cantidad de hielo glaciar derretido sigue aumentando. Gran parte de Perú, el Amazonas, el sur y noroeste de África experimentaron inundaciones. El desbordamiento de la Cuenca del Río Congo provocó el desplazamiento de 350,000 personas. Las lluvias excesivas en Brasil desplazaron a otro medio millón de personas.
Las acciones para combatir el cambio climático a nivel mundial han sido insuficientes. Son visibles retrocesos significativos como la negativa del gobierno estadounidense ante las energías renovables.
Por otro lado, en diciembre de 2024 científicos de nueve países anunciaron un riesgo potencial para la vida en la Tierra. Se le da el nombre de “vida espejo”. La alerta considera que bacterias y otras células espejo compuestas por moléculas sintetizadas químicamente, podrían reproducirse y superar los controles normales de crecimiento. Al expandirse por los ecosistemas serían un riesgo para la vida humana, animal y vegetal.
La Inteligencia Artificial representa otro riesgo significativo. Por un lado, es una herramienta útil para el desarrollo de armas biológicas. Algunas políticas aplicadas el año pasado permiten esta posibilidad, entre ellas los cambios en la estructura de salud de Estados Unidos que reduce la capacidad de frenar futuras pandemias.
Por otro lado los Modelos de Lenguaje basados en IA mantienen un desarrollo acelerado. Las grandes potencias militares (China, Estados Unidos y Rusia), los han incorporado en sus programas de defensa. Además, la administración Trump ha reducido el control sobre su desarrollo para priorizar la innovación, lo que representa un riesgo para la seguridad. La fabricación de información caótica, que lleva a la desinformación, está presente y eso incrementa a los riesgos mencionados previamente.
Así nos enfrentemos a una guerra, eventos climáticos extremos o una nueva pandemia, corremos el riesgo de obtener información errática. La Inteligencia Artificial estará ahí lista para crear confusión. ¿Sabremos reaccionar oportunamente ante estos riesgos? El reloj del fin del mundo sigue avanzando.
