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Cortesía de Robert DePalma

Depósito fósil narra lo que pasó después del impacto de Chicxulub

02-04-2019

Crónica de una extinción anunciada

Por: Luis Moctezuma 

 

Hace aproximadamente 65 millones de años un meteorito que impactó en Chicxulub, actualmente en el estado de Yucatán, comenzó la última gran extinción del planeta. Un depósito de fósiles en Dakota del Norte nos cuenta lo que ocurrió poco después de este impacto. Tras un estudio de 6 años en la Formación Hell Creeck, cerca de la ciudad de Bowman, el paleontólogo Robert DePalma tiene un relato sobre lo ocurrido.

Una delgada capa que guarda la memoria de una catástrofe

“Es como un museo del Cretácico en una capa de metro y medio de ancho”, afirmó el profesor emérito de la Universidad de Berkeley en California, Mark Richards. En este espacio al que DePalma y sus colegas le han dedicado más de un lustro de investigación se encuentran restos de diferentes especies que recibieron el impacto del meteorito apenas una hora después que este ocurrió.

Después del choque se produjeron tsunamis que alcanzaron la zona que ahora ocupa la Formación Hell Creeck. Las olas alcanzaron los 9 metros de altura y entraron a tierra. Dentro de ellas viajaron cientos (posiblemente miles) de peces. Para los habitantes de la Tierra esta no sería la única irrupción violenta.

Desde el cielo llovieron fragmentos de vidrio y polvo que saltaron desde el lugar del impacto. Mientras que desde el mar se arrastraban grandes cantidades de agua, el cielo proporcionaba fuego. Los restos fosilizados de plantas muestran evidencias de incendios. La situación fue difícil para todos los seres vivos presentes en ese momento, tanto los habitantes de la zona como los que fueron arrastrados ahí.

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Peces fosilizados. Cortesía de Robert DePalma

 

Posteriormente todo se cubrió de arcilla. Los participantes en esta catástrofe quedaron sepultados y ahora conocemos un poco de su historia. En el depósito hay distintos tipos de seres vivos: troncos quemados de árboles, ramas de coníferas, mamíferos muertos, huesos de mosasaurio (parecido a ese dinosaurio marino que devoraba prácticamente cualquier cosa en Jurassic World), insectos, partes del cuerpo de un triceratops, dinoflagelados (microorganismos marinos), amonitas (cefalópodos marinos parecidos a los caracoles). Millones de años después, en 2013, DePalma y su equipo de colaboradores comenzaron a estudiarlos.

Una serie de catástrofes

Tanto Mark Richards como Walter Alvarez, ambos de la Universidad de Berkeley, remarcan lo inusual del evento. En una sacudida normal las ondas habrían tardado entre 10 y 12 horas en llegar desde el lugar del impacto hasta el depósito de fósiles, mientras que la lluvia de cristales alcanzó este cementerio cretácico en apenas 45 minutos. Se trató de un movimiento particularmente intenso.

Las ondas provocadas por el impacto alcanzaron la región en apenas 10 minutos. Esto lleva a calcular que los movimientos debajo de la tierra fueron equivalentes a un sismo de magnitud entre 10 y 11. Mientras la tierra se sacudía, y con ella el mar, una lluvia devastadora venía desde el cielo.

Hace aproximadamente 65 millones de años el planeta cambió completamente. El 75% de la vida en el planeta se extinguió como consecuencia del impacto en Chicxulub. A través del análisis de distintos restos fosilizados imaginamos lo que pasó en grandes periodos. Este depósito fósil que estudiaron DePalma y sus colegas nos da la oportunidad de mirar el momento inmediato después de la gran colisión. Los resultados aparecerán esta semana en la revista científica Proceedings of the National Academy of Science (PNAS).

 

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