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Crédito: Gary Hincks/Science Photo Library

Encuentran enormes montañas en las profundidades de la Tierra

15-02-2019

Los científicos utilizaron el segundo terremoto más profundo registrado para ver a 660 km de profundidad.

Por: Luis Moctezuma

 

Aún en la superficie terrestre donde podemos observar libremente, quedan muchos detalles por conocer. En un estudio publicado recientemente por la revista Science se describe una división irregular que divide el manto inferior y el superior. Sobre la superficie terrestre la luz tiene un comportamiento que nos permite conocer el material del que está hecho un objeto, en las profundidades pasa algo similar con las ondas sísmicas.

Una división que ya estaba prevista

Entre los recuerdos que conservamos de primaria debe haber algunos datos básicos sobre el interior de nuestro planeta. Al centro hay un núcleo compuesto principalmente por hierro, posteriormente viene el núcleo externo, después el manto, que se divide en interior y superior y finalmente está la corteza sobre la que vivimos. Esta sección intermedia despierta muchas dudas. Consideramos que se compone de dos fragmentos ya que la composición química varía según la profundidad.

Un grupo de investigadores encontró una serie de rugosidades similares a las montañas de la superficie entre el manto interior y superior. La línea que delimitan fue nombrada “el límite de los 660 kilómetros”, haciendo referencia a la profundidad en que se encontró. Aunque no se trata exactamente de una línea homogénea. Sobre este borde se encuentran tanto superficies llanas como áreas elevadas. Tal parece que en el fondo del planeta, la distribución es parecida a la que vemos en la corteza aunque con una composición muy diferente.

Al fondo de esta división, en el manto, la composición química es distinta a la que tiene contacto con la corteza. La explicación más razonable que han encontrado los participantes en la investigación publicada por Science es que el manto superior se ha mezclado en parte con fragmentos de corteza. La frontera estaría en el límite de los 660 kilómetros desde donde el manto inferior se protege del contacto con el exterior.

Un ejemplo de la mezcla entre manto y corteza son las losas de lecho marino que desaparecen por el proceso de subducción en el Océano Pacífico y otras regiones del mundo. Esos bordes que en películas de ficción como Pacific Rim, de Guillermo del Toro, conducen a otras dimensiones podrían ser el pasaje al manto de la Tierra. En esos espacios en que no se ha tenido éxito con la mezcla aparecen estas rugosidades con forma de montaña.

Medir a partir de un terremoto

Mucha de la información que tenemos sobre el centro de nuestro planeta se la debemos a las ondas sísmicas. Ellas viajan a través del planeta en todas direcciones, incluso es posible que atraviesen el planeta de un extremo a otro de la superficie. Este tipo de datos nos ayuda a conocer la composición de aquello que hay adentro y sólo podemos imaginar.

Para su estudio los investigadores recurrieron a datos de un sismo ocurrido en Bolivia en 1994. Aquel terremoto tuvo una magnitud de 8.2. y fue el segundo terremoto más profundo registrado (647 km de profundidad). Para que un sismo sea útil en la investigación del interior de la Tierra se requiere que haya sido intenso. Los movimientos telúricos que superan la magnitud 7 son los mejores para este tipo de análisis.

En la época que ocurrió el terremoto la tecnología sísmica era más básica. Hoy, gracias al grupo de supercomputadoras Tiger de la Universidad de Princeton fue posible simular el movimiento de las ondas sísmicas de aquel terremoto boliviano. Así se siguió la trayectoria de las ondas sísmicas y se hizo mediciones sobre sus rebotes.

Los resultados se pueden explicar mediante una comparación con la luz. Un objeto en la superficie puede reflejar o refractar la luz, esto es, regresar por el camino que llegaron (como un rebote) o atravesar un cuerpo y cambiar su dirección (como pasa cuando atraviesa el agua). Se analizaron reacciones similares en las ondas sísmicas.

Una onda sísmica podría seguir su camino sin ninguna alteración a menos que se encuentre con una superficie rugosa. En este caso tendría una reacción similar a la luz cuando se refleja o refracta; y su camino se alteraría. Es así como se descubrió el “límite de los 660 kilómetros”. Las ondas no siguieron linealmente la trayectoria que podría esperarse, sino que en ese borde cambiaron la forma en que se movían.

Los terremotos de gran intensidad son una desgracia para muchas poblaciones y al mismo tiempo una oportunidad para estudiar el interior del planeta. En esta ocasión Wenbo Wu y Sidao Ni de la Academia China de Ciencias, junto con Jessica C.E. Irving de la Universidad de Princeton, recurrieron a datos de hace dos décadas y media. A partir de ellos hicieron una simulación computarizada y llegaron a la conclusión de que dentro del planeta hay más divisiones de las que imaginábamos. Los próximos terremotos nos ayudarán a conocer los detalles.

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