México cambia de forma: lo que revelan 130 millones de habitantes Copiar al portapapeles
POR: ChemaTierra
23 septiembre, 2026
México tiene más habitantes que nunca. Pero detrás de esa cifra ocurre algo mucho más interesante: somos más, tenemos menos hijos, vivimos en hogares más pequeños y estamos envejeciendo. La nueva fotografía del INEGI cuenta la historia de un país que está cambiando.
Entre el 6 de octubre y el 14 de noviembre de 2025, miles de entrevistadores del INEGI recorrieron México para tomar una nueva fotografía del país.
La Encuesta Intercensal 2025, realizada justo a mitad del camino entre los censos de 2020 y 2030, reunió información de más de 7.3 millones de viviendas, aproximadamente una de cada cinco del país, con la participación de más de 44 mil personas entrevistadoras.
A través de visitas presenciales, cuestionarios por internet y entrevistas telefónicas, el INEGI preguntó quiénes somos, cuántos somos, dónde vivimos y cómo son nuestros hogares.
Rompimos la barrera de los 130 millones
La nueva fotografía del INEGI confirma un número que impresiona: en 2025, México alcanzó los 130.9 millones de habitantes. Para ponerlo en perspectiva, en 1950 vivían en el país apenas 25.8 millones de personas. Es decir, en 75 años nuestra población se multiplicó por cinco.
Pero esos 130 millones no están repartidos de manera uniforme. México ocupa un territorio de casi 2 millones de kilómetros cuadrados, donde conviven algunas de las ciudades más pobladas del continente con comunidades de apenas unas decenas de habitantes. El Estado de México, por ejemplo, concentra alrededor de 17.5 millones de personas, mientras que Colima tiene menos de un millón.
Y aunque nunca habíamos sido tantos, México ya no crece al ritmo de antes. Entre 2020 y 2025 se sumaron cerca de 4.9 millones de habitantes y la tasa media de crecimiento anual fue de alrededor de 0.7 %. En contraste, durante algunas décadas del siglo XX la población mexicana llegó a crecer a tasas superiores al 3 % anual.
Así que superar los 130 millones nos dice, por un lado que somos más habitantes que nunca, pero por otro, que nuestro crecimiento se está desacelerando.
México continúa creciendo, sí, pero la forma de su población comienza a transformarse. Y para entender hacia dónde vamos, no basta con contar cuántos somos, sino también mirar qué edades tenemos, cuántos niños están naciendo y cuánto tiempo estamos viviendo.
México está dejando de ser un país tan joven
Durante décadas, México fue un país de jóvenes. Había muchos niños, familias numerosas y una base muy ancha en la famosa “pirámide poblacional”. Esa figura está cambiando rápidamente.
De acuerdo con la Encuesta Intercensal 2025, la edad mediana de la población llegó a 32 años, frente a 29 años en 2020 y apenas 22 años en el año 2000. En solo un cuarto de siglo, el mexicano que se encuentra justo a la mitad de la población envejeció diez años.
Detrás de este cambio hay dos grandes fuerzas: vivimos más tiempo y nacen menos niños. La fecundidad lleva décadas descendiendo. Según los nuevos datos del INEGI, el promedio de hijas e hijos nacidos vivos entre las mujeres de 12 años y más pasó de 2.1 en 2020 a 1.9 en 2025.
Este indicador no es exactamente lo mismo que la tasa global de fecundidad —que estima cuántos hijos tendría, en promedio, una mujer a lo largo de su vida reproductiva—, pero confirma la misma tendencia: las familias mexicanas son cada vez más pequeñas.
Que nazcan menos niños puede tener efectos positivos. Familias más pequeñas pueden significar más recursos y tiempo disponibles para cada hijo, y una población que crece lentamente puede reducir algunas presiones sobre vivienda, infraestructura y recursos naturales.
Pero menos nacimientos no significan automáticamente menor impacto ambiental: una población más pequeña puede consumir más energía, agua y materiales si aumenta su consumo por persona. La huella que dejamos depende tanto de cuántos somos como de cómo vivimos.
El desafío más importante aparecerá con el paso del tiempo. Si nacen menos personas y aumenta la cantidad de adultos mayores, habrá proporcionalmente menos trabajadores jóvenes para sostener una población envejecida.
Eso puede ejercer presión sobre los sistemas de pensiones, salud y cuidados, y obligar a repensar desde el mercado laboral hasta el diseño de nuestras ciudades. México necesitará más servicios geriátricos y de cuidados de largo plazo, viviendas y transportes accesibles y, al mismo tiempo, tendrá que aprovechar mejor a una población en edad productiva que eventualmente dejará de ser tan abundante.
También cambiarán las necesidades educativas. Menos nacimientos pueden significar, con los años, menos alumnos en algunos niveles escolares, mientras aumenta la demanda de servicios destinados a personas mayores. El reto no será simplemente construir más infraestructura, sino adaptar la que ya existe a una población con una composición distinta.
Y hay una dimensión especialmente importante: quién cuidará a esa población que envejece. En México, gran parte de los cuidados de niñas, niños, personas enfermas y adultos mayores todavía recae en las familias y, de manera desproporcionada, en las mujeres. Una sociedad con más personas mayores y hogares cada vez más pequeños podría hacer que ese modelo resulte cada vez más difícil de sostener.
México todavía tiene una población relativamente joven, así que no estamos ante una crisis inmediata. Pero la dirección es clara. La transición demográfica que países como Japón, Italia o Corea del Sur enfrentan hoy en etapas mucho más avanzadas también comienza a dibujarse aquí.
La pregunta, entonces, no es solamente por qué están naciendo menos niños, sino si estamos preparando al país para la población que tendremos dentro de 20 o 30 años. Porque las decisiones demográficas que parecen pequeñas hoy —tener un hijo, tener dos o no tener ninguno—, multiplicadas por millones de familias, terminan cambiando la forma completa de la sociedad.
Un país cada vez más urbano y conectado
Durante buena parte del siglo XX, millones de mexicanos habitaban pequeñas localidades rurales y dependían directamente del campo. Hoy el mapa humano es muy distinto: la población se concentra cada vez más en ciudades y zonas metropolitanas, enormes sistemas que necesitan agua, alimentos, energía y materiales provenientes de territorios que muchas veces se encuentran a cientos —o miles— de kilómetros de distancia.
Esta encuesta permite observar también otra transformación dentro de nuestros hogares: México está mucho más conectado que hace apenas cinco años. Mientras que en 2020, solo el 53.9 % de las viviendas disponía de internet, en 2025, este porcentaje aumentó a 75.7%, mientras que el 94.5 % de las viviendas particulares cuenta con teléfono celular.
Pero estar más conectados no significa estar conectados por igual. Una de cada cuatro viviendas todavía no dispone de internet, y las diferencias entre regiones, ciudades y comunidades rurales siguen siendo importantes. La brecha digital importa porque hoy una conexión puede determinar el acceso a educación, empleo, información, servicios financieros e incluso trámites gubernamentales. En un país cada vez más digital, quedarse fuera de internet puede convertirse en una nueva forma de desigualdad.
También hay una dimensión menos visible. Aunque solemos hablar de “la nube”, internet no flota en el aire. Cada mensaje, búsqueda o video depende de una enorme infraestructura física: antenas, centros de datos, servidores, cables terrestres y submarinos, electricidad, minerales y agua para enfriar equipos. La vida digital también ocupa territorio y consume recursos.
Algo parecido sucede con las ciudades. Concentrar población puede hacer más eficientes ciertos servicios —como el transporte público, las redes de agua o la distribución de energía—, pero cuando el crecimiento urbano ocurre sin planeación también puede aumentar los tiempos de traslado, la contaminación, la pérdida de suelo natural y la presión sobre acuíferos y ecosistemas cercanos.
Por eso, quizá uno de los grandes retos de las próximas décadas no será simplemente lograr que México sea más urbano y más conectado, sino decidir qué tipo de ciudades y de conectividad queremos construir.
130 millones de maneras de habitar un mismo territorio
Las cifras de población pueden parecer frías: 130,911,314 personas; 32 años de edad mediana; 0.7 % de crecimiento anual.
Pero detrás de cada número hay algo vivo.
Hay niñas que comienzan la escuela, personas que dejan su pueblo para vivir en una ciudad, familias que tienen menos hijos que sus abuelos, jóvenes que viven solos, adultos que envejecen y millones de personas que todos los días necesitan agua, alimento, energía, transporte y un lugar donde vivir.
Por eso conocer cuántos somos no es solamente una curiosidad estadística.
Nos ayuda a imaginar cuántas escuelas necesitaremos, cómo tendrán que cambiar nuestras ciudades, quién cuidará a una población cada vez mayor de adultos mayores y cómo podremos distribuir recursos como el agua, la energía y los alimentos.
La Tierra cambia constantemente.
Los volcanes levantan montañas, los ríos transforman paisajes y las especies se desplazan y se adaptan.
Las poblaciones humanas también cambian.
Y la nueva fotografía del INEGI nos muestra que México acaba de cruzar una frontera simbólica: ya somos más de 130 millones de personas intentando encontrar nuestro lugar en un mismo territorio.
Porque México seguirá cambiando. La pregunta es cómo cambiaremos nosotros con él.
