Los esfuerzos por recuperar al Mar Aral Copiar al portapapeles
POR: Luis Moctezuma
24 abril, 2026
Entre las fronteras de Kazajistán y Uzbekistán se encuentra el desierto de Aralkum. Sin embargo, hace apenas unas décadas ahí se encontraba el cuarto lago más grande del mundo.
Hasta la década de 1960 el Mar Aral contaba con una superficie de 68 mil kilómetros cuadrados. Ahora existen diferentes esfuerzos para recuperar algo de lo que se perdió de este gran cuerpo de agua asiático.
¿Un desierto puede volver a ser mar?
El Mara Aral es recordado como uno de los grandes ejemplos de cómo el ser humano transforma su entorno y en este caso con resultados catastróficos. Hasta la década de 1960 era el origen de la sexta parte de todo el pescado consumido en la Unión Soviética, en sus aguas nadaban carpas y besugos, además de otras especies.
En 1968 se dio oficialmente la noticia de que el nivel del agua comenzaba a bajar. Unos años antes comenzaron grandes proyectos de irrigación con las aguas de los ríos Amu Darya y Syr Darya que alimentaban al Mar Aral.
En un principio los cambios no fueron relevantes. La región conservó un clima templado. Los peces continuaban ahí y la industria algodonera de los alrededores recibía ganancias importantes.
Sin embargo, para el final del siglo XX lo que alguna vez fue un enorme lago, se convirtió en un desierto salado. Apenas conservó el 10% del volumen de agua que tenía a mediados de siglo.
El Mar Aral no es el único que ha perdido un volumen importante de agua. Muchos otros viven crisis similares como el lago Chad en el Centro de África, el Gran Lago Salado de Utah en Estados Unidos, por mencionar algunos.
Ante esta situación grupos conservacionistas están buscando alternativas para recuperar estos lagos que amenazan con desaparecer. Aunque gran parte de ellas podrían tener resultados visibles dentro de mucho tiempo, y no hay garantía de que así sea, ya hay acciones en marcha.
De acuerdo con Vadim Sokolov, quien es oficial de la Fundación Internacional para Salvar el Mar Aral, en los próximos 30 a 40 años debe detenerse completamente la actividad económica en la cuenca. Eso sería lo ideal para recuperar el agua que pierde el lago; sin embargo, el funcionario no lo ve como una opción realista.
Hay dos grandes industrias que consumen el agua de los ríos: la generación de electricidad y los campos algodoneros. Tayikistán y Kirguistán tienen represas hidroeléctricas. Por otro lado, Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajistán tienen una industria importante de producción de algodón.
Una de las bases para la recuperación del Mar Aral es detener el problema inicial. Si el agua de los ríos que lo alimentaban vuelve a fluir, el Aral comenzará a recuperarse. Así que la primera acción humana consiste en dejar de obstruir su paso.
Las fuentes naturales de agua que solían llegar al Mar Aral provienen de los glaciares en la Cordillera del Pamir y la de Tian Shan. El flujo natural que proviene del derretimiento de estas zonas es básico para que el gran lago se recupere.
En Kazajistán se construyó un dique que permite mantener estable al Mar Aral del norte, la parte del lago que sobrevive en esta dirección. Su extensión es de casi 13 kilómetros. Gracias a esta estructura es posible pescar de forma moderada.
Por su parte, Uzbekistán apuesta por contener el desierto. El gobierno, en coordinación con organizaciones sin fines de lucro, ha impulsado la siembra de árboles saxaúl, unos arbustos adaptados al desierto que permiten estabilizar las dunas. Además de ser tolerantes a la sal del suelo, sus raíces lo atrapan y reducen las tormentas de arena.
Existen proyectos en incubación. Ejemplo de esto es el Centro Internacional para la Cuenca del Mar Aral, ubicado en Nukus, Uzbekistán. Ahí se desarrollan alrededor de 20 proyectos experimentales relacionados con adaptación de plantas, animales y seres humanos con la realidad ecológica de la región.
Entre los proyectos hay métodos de cultivo que evitan el uso de tierra contaminada y el uso eficiente de agua. En este sentido, especies como el algodón y el arroz deben cambiarse por otras que consumen menos agua como frutas y vegetales.
Además, el problema de la falta de agua en el Mar Aral va mucho más allá de lo que alguna vez fueron sus bordes. También es importante proteger los ecosistemas de las zonas en que se genera y transporta el agua de los ríos para mantener el flujo hídrico saludable.
No es una tarea fácil pero existen instituciones dispuestas a hacer todo lo posible para recuperar, en lo posible, lo que alguna vez fue un gran lago al centro de Asia y hoy es un desierto. Pasarán varias décadas para reconocer si el impacto de las acciones de conservación funcionan y por ahora se percibe optimismo en quienes trabajan en ellas.
