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Deforestación en Brasil exhibe una enorme estructura hecha por termitas

POR: Alejandra Almed

28 mayo, 2019

Por: Luis Moctezuma


Hace 4,500 años las famosas pirámides de Egipto comenzaban a construirse. Estas edificaciones humanas se reconocen como la más antigua de las maravillas del mundo antiguo y muy cerca de esa época otra especie ya comenzaba a transformar su entorno: las termitas. Recientemente se publicó un estudio en la revista científica Current Biology que describe una estructura hecha por termitas que se mantiene en pie hasta nuestros días y puede ser observada desde el espacio.

Lo que ocultaba el bosque tropical

Brasil es uno de los países más ricos en vegetación en el mundo. En las últimas décadas actividades humanas como la ganadería y la agricultura han cambiado el panorama. La deforestación avanza a grandes pasos y nos hace descubrir restos que llevan ahí miles de años ocultos por la naturaleza. Esta vez se trata de una construcción no humana que impresiona por varias razones.

Las termitas son seres vivos reconocidos por su organización social. Al igual que otros insectos como abejas u hormigas, se organizan en colonias que trabajan juntas para transformar su entorno y esto es lo que se encontró al noreste de Brasil, en las provincias de Bahía y Minas Gerais. Una serie de montículos conocidos como Murundus aparecen en una disposición mucho más estilizada de lo que podría esperarse.

230 mil kilómetros cuadrados de montículos hechos por termitas. Es una superficie que resalta del resto del paisaje por diferentes razones. Antes que la deforestación dejara al descubierto este terreno parecía que se trataba de un típico bosque tropical seco. Dentro de la vegetación los pobladores locales reconocían a los Murundus como algo natural en el paisaje porque siempre habían estado ahí. Los observadores externos apenas y los habían notado. Así que para nadie se trataba de algo extraordinario, como un territorio similar al Reino Unido transformado durante casi 4 mil años..

El terreno conocido como La Catinga aloja a cerca de 200 millones de montículos. Todos de forma y tamaño similar. 2.5 metros de altura por 9 de ancho. Cada uno separado de los cercanos por una distancia aproximada de otros 20 metros. Para construirlos se debió perforar 10 kilómetros cúbicos. Regresando con las pirámides egipcias, que aún son motivo de orgullo para la ingeniería humana, la cantidad de material que las termitas han extraído en esta región de Brasil para construir los montículos serviría para fabricar 4 mil pirámides.

Lo que hay al norte de Brasil es algo así como un Nueva York perfectamente trazado y posiblemente con menos problemas de tráfico. Se calcula que la densidad de construcción en este territorio es de 1,800 montículos por kilómetro cuadrado, cada uno elaborado con 50 metros cúbicos de tierra. Para llegar a una distribución exacta, geométrica y visible desde los satélites que observan la Tierra se recurrió a un método que muchos arquitectos humanos descartarían: las feromonas. A través de ellas las termitas reconocían donde ya se había apilado tierra para fabricar un montículo y tomaron la distancia necesaria para uno nuevo.

Las constructoras de esta maravilla de la naturaleza son las Syntermes dirus. El nombre científico de esta especie de termita puede ser fácil de olvidar pero no la magnitud de sus construcciones. Para alguien poco acostumbrado a los hábitos de estos seres hay que hacer algunas aclaraciones. Los montículos no son sus nidos sino el resultado de la extracción de tierra para construir los túneles por los que se desplazan. Debajo de todos estos Murundus existe una gran estructura de vías de comunicación para que las termitas lleguen a su fuente de alimentación, regresen a casa y se comuniquen con otras poblaciones de la misma especie.

Los investigadores que participaron en la investigación tomaron algunas muestras para medir la edad de estos montículos. Los resultados son amplios, el rango va de los 690 a los 3,820 años de antigüedad. Mientras nuestra especie seguía construyendo otras edificaciones impresionantes como la muralla china, las Syntermes dirus continuaban pacientemente con sus Murundus. Al final tenemos un paisaje impresionante, tanto desde la tierra, como desde nuestras cámaras en el cielo.

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