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Los incendios forestales reactivan la radiación de Chernóbil

POR: Alejandra Almed

2 octubre, 2015

De hecho, los incendios forestales ya han liberado partículas radioactivas a otros países, sobre todo a Europa Occidental, pero al parecer la situación podría empeorar debido al cambio climático, a la inestabilidad política y a un extraño efecto de la radiación en las hojas muertas.

Después de que un reactor explotara en la planta nuclear de Chernóbil en 1986, las personas fueron evacuadas a 4,800 km2 de las áreas más contaminadas. Esta “zona de exclusión” se convirtió en un refugio para la vida silvestre y en un bosque boreal denso.

Nikolaos Evangeliou del Instituto para la Investigación Atmosférica de Noruega y sus colegas han analizado el impacto de los incendios forestales en la región y han calculado la frecuencia y la intensidad futura. Para ello introdujeron a los modelos de incendios y corrientes de aire, imágenes satelitales de incendios reales en 2002, 2008 y 2010, y medidas de radiactividad cesio-137 que cayeron en la zona.

A partir de esto, estimaron que de los 85 petabecquerels de cesio radiactivo liberado por el accidente de Chernóbil, entre 2 y 8 PBq todavía están presentes en la capa superior del suelo de la zona de exclusión. En cualquier otro ecosistema podría disminuir con la erosión o la desaparición de la vegetación. Pero en estos bosques abandonados, los árboles recogen los iones radioactivos y las hojas muertas los regresan al suelo.

De acuerdo con el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, las sequías están empeorando los incendios forestales tanto en intensidad como en alcance. Esto puede deberse a una serie de factores entre ellos la escasa administración de los bosques. La mayoría de los bosques se manejan mediante la eliminación de árboles muertos, manteniendo despejadas las carreteras o combatiendo los incendios, pero nada de esto se lleva a cabo aquí. Por otra parte, la vegetación muerta que alimenta los incendios se acumula a un ritmo que se ha duplicado desde 1986.

 Fuente: NewScientist 

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