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Estudian en México bacterias para degradar el petróleo

05-12-2018

Microorganismos encontrados en el golfo de México podrían ayudar a limpiar los derrames de petróleo

Por: Luis Moctezuma


Los hidrocarburos son aún una de las fuentes más importantes de energía para nuestro país. El Golfo de México es una reserva importante de petróleo y como tal corre riesgos que aún no somos capaces de controlar. En 2015 se formó el Consorcio de Investigación del Golfo de México (CIGoM), desde entonces ha promovido la investigación para atender de mejor forma a las catástrofes ocasionadas por el petróleo.

La huella de una explosión

El 20 de abril de 2010 la plataforma petrolera Deepwater Horizon explotó. Así comenzó lo que hasta ahora se recuerda como el mayor derrame de petróleo de la historia. Legalmente el asunto se cerró en febrero de este año con el pago 25.5 millones de dólares por parte de la British Petroleum, empresa que la operaba, pero el problema va más allá. Este evento dejó claro que había que prepararse para las consecuencias de la extracción petrolera.

El CIGoM apareció como una consecuencia de la explosión de Deepwater Horizon. Los 3 meses que tardó en contenerse el derrame permitieron que 5 millones de barriles de crudo se derramaran en el Golfo de México. Entre las investigaciones auspiciadas por este organismo está una que ya está publicando sus resultados en distintas publicaciones científicas y consiste en degradar el petróleo a partir de bacterias.

Un pequeño experimento que crece

Existen bacterias capaces de descomponer el petróleo y un equipo de investigadores mexicanos las estudian. Como parte del equipo hay representantes del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), el Instituto de Biotecnología de la UNAM (IBt) y el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE). Su labor ha consistido en aislar consorcios microbianos del ambiente marino, para esto se tienen muestras de la columna de agua a diferentes profundidades del golfo de México.

El proceso consiste en probar la acción de estos consorcios con distintos tipos de petróleo. Los mejores resultados se han observado con petróleos ligero y extraligero. En un periodo de entre 15 y 30 días desaparecen los rastros de petróleo. Con los petróleos pesado y extrapesado pasa algo muy diferente, al ser más complejos se tiene un proceso mucho más lento.

Para que las bacterias degraden el petróleo se recurre a distintas estrategias. Una de ellas consiste en que las bacterias secretan biosurfactantes que atrapan el petróleo para después consumirlo. En otra de ellas las bacterias se adhieren al petróleo y forman una biopelícula para después consumirlo. Una de las más prometedoras incluye la producción de pequeñas láminas que se adhieren al petróleo para su consumo posterior.

Hasta ahora se ha experimentado con poblaciones pequeñas de bacterias. Las pruebas han ido de los 60 mililitros a los dos litros, estos resultados ya están documentados y el próximo año comienza una etapa a mayor escala. Entre enero y febrero comienzan los experimentos con 1 metro cúbico. Aunque ya se conocen resultados a pequeña escala es necesario probar la reacción ante cambios de condiciones.

Además de cambiar los volúmenes de hidrocarburo y cantidad de bacterias se deben probar otros factores que podrían cambiar el rendimiento. Las bacterias con las que se está trabajando están en un ambiente controlado. Al salir del laboratorio se encontrarán con otros organismos que podrían interferir con su degradación del petróleo. Falta mucho por conocer sobre la forma en que interactúan estas bacterias del Golfo de México con el petróleo.

Los resultados de esta investigación ya están en proceso de difusión. Por ahora se tiene un artículo científico publicado, hay uno sometido y tres en proceso. Con la información obtenida México y su industria energética podrán afrontar mejor momentos de crisis. El petróleo no estará ahí para siempre, pero mientras se use como fuente energética es importante proteger al ambiente, y a nosotros mismos, de sus efectos colaterales.

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Fuente: UNAM 


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