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Lo que nos enseñó el terremoto más grande de la historia

POR: Alejandra Almed

28 mayo, 2019

Por: Luis Moctezuma

 

El Océano Pacífico es una región conocida por las grandes descargas de energía que vienen desde las profundidades de la Tierra. Terremotos de gran intensidad y tsunamis son algo común en esta parte del mundo. El más grande del que se tiene memoria hasta ahora ocurrió en 1960 y nos enseñó mucho sobre un planeta que no dejamos de conocer.

Un país con una nueva dimensión y una ciencia con nueva información

El 22 de mayo de 1960 el territorio chileno se sacudió y eso no fue todo. La magnitud fue cercana a los 9.5 grados. La costa de este país sudamericano se extendió más hacia el oeste, lo que agrandó sus dimensiones; el equivalente a 1,500 campos de futbol se agregó de golpe a la superficie chilena.

La destrucción en Chile fue inmediata pero el evento no había terminado. 12 horas después se sintió una nueva sacudida, esta vez muy lejos de las costas de Sudamérica. Hawaii fue el receptor del movimiento, esta vez proveniente del mar. 24 horas después que Chile dejó de sacudirse fue el momento de Japón con un nuevo tsunami.

El movimiento sísmico continuó durante una semana. Terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, oleajes de gran intensidad y tormentas tropicales. Parecería el resultado de un guión hollywoodense pero era algo más profundo, algo que atravesaba la Tierra y volvía de ella; desde Filipinas hasta Alaska, pasando por Japón.

Las ondas sísmicas recorrieron todo el globo. Además de un gran pánico entre quienes lo vivieron, ofreció un nuevo conocimiento sobre nuestro planeta: es capaz de vibrar completamente. El seguimiento de las ondas sísmicas dio una idea del trayecto a través del interior de la Tierra, como lo haría un scanner o un aparato de ultrasonido.

Ahora que sabemos que los movimientos sísmicos pueden atravesar todo el planeta se el seguimiento es más preciso. Desafortunadamente, el saber que una sacudida en la tierra lleva a otra no es suficiente para evitar los resultados destructivos, pero es un gran avance en el conocimiento que tenemos sobre los procesos sísmicos.

Previamente se sabía que las placas tectónicas y sus movimientos eran las causantes de los terremotos. El gran terremoto de 1960 mostró que los sismos no son eventos aislados.Una misma sacudida puede ir de la costa chilena al fondo del océano y levantar enormes olas en las islas asiáticas.

Las condiciones de observación sísmica actuales son muy distintas. Ya existe un sistema de alarma global de tsunamis. Aunque es posible tomar medidas preventivas, la posibilidad de otro movimiento de gran magnitud como el registrado en Chile en 1960 sigue latente.

El Cinturón de Fuego del Pacífico es una región con distintos puntos en que podría ocurrir un nuevo sismo de la magnitud del de 1960. Alrededor de este océano existen muchas zonas de subducción, lo que provoca que los movimientos sísmicos sean de gran intensidad. México es un país con costa en este océano y no podemos descartar que esto ocurra en nuestro territorio. La historia chilena está ahí para recordarnos que la tierra está viva y debemos estar preparados para sus reacciones.

 

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