Los incendios forestales están provocando un fenómeno cíclico Copiar al portapapeles
POR: Luis Moctezuma
29 julio, 2026
Los cambios en el clima alrededor del mundo van más allá de temperaturas cada vez más altas. Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más comunes y los incendios forestales están encontrando nuevas formas más destructivas.
Los pirocúmulos son nubes que se forman con el humo de los incendios forestales. Su presencia es la clave para avivar el fuego con más intensidad.
Incendios forestales cada vez más intensos
El nombre oficial de los pirocúmulos es flammagenitus. En apariencia son nubes normales. Se forman por el calor que libera un incendio forestal, a diferencia de las nubes convencionales que dependen del calor del Sol.
Los pirocúmulos se forman con una mezcla de aire extremadamente caliente, humo, cenizas y vapor de agua. Esta amalgama asciende rápidamente y cuando alcanza una gran altura se enfría, lo que provoca que el vapor de agua se condense. Si las condiciones atmosféricas son favorables, puede alcanzar varios kilómetros de extensión vertical.
Mientras más grande se vuelve el pirocúmulo, más puede avivar el fuego sobre la superficie forestal. Las corrientes ascendentes agregan oxígeno al sistema de llamas. Si en el camino hay hojas secas, estas se convierten en combustible para el fuego.
Ante una atmósfera inestable y húmeda la nube crece y se convierte en un pirocumulonimbo. Esto es, de forma sencilla, una tormenta que alimentará al incendio forestal.
Al ascender, las gotas de agua chocan con los cristales de hielo. Así, se separan corrientes eléctricas. Cuando la diferencia de carga es significativa aparecen rayos.
Una diferencia importante entre estas tormentas eléctricas y las convencionales es que se desarrollan en condiciones secas. Las gotas de agua que caen se evaporan antes de llegar al suelo. De esta forma se tienen rayos secos.
Los incendios reciben dos impulsos de este tipo de tormentas. Por un lado, la humedad de la nube no llega a la superficie para mitigar el incendio. Por otro lado, los rayos forman nuevos focos de incendio alejados de los iniciales, lo que aumenta el área afectada y complica el combate al fuego.
Otro efecto de los pirocúmulos es el cambio en la circulación del aire alrededor del incendio. Al interactuar con la cizalladura (que consiste en cambios de velocidad y dirección del viento), es posible que se formen remolinos de fuego. De esta forma, las llamas se siguen dispersando más allá del terreno afectado originalmente.
Cuando la tormenta se debilita el aire desciende hacia el suelo nuevamente. De esta forma se generan rachas repentinas y cambios en la dirección del viento. Con los cambios en el viento es más difícil para los equipos de atención de emergencias comprender el comportamiento del fuego.
Los datos satelitales del Satélite Geoestacionario Operacional Ambiental (GOES) indican que este tipo de tormentas son cada vez más comunes. La comparación de datos de la última década deja claro este escenario.
Ante el cambio climático, las condiciones son más favorables para que se desarrollen este tipo de tormentas. Las olas de calor, las sequías prolongadas y la acumulación de combustible vegetal permiten que los incendios sean más intensos y duraderos.
Fuente
Los incendios ya no solo queman: también alimentan fenómenos atmosféricos extremos
