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Foto: Eva Hoffman, Universidad de Texas en Austin

Encuentran fósil de un mamífero prehistórico que se reproducía como reptil

31-08-2018

¿Por qué los mamíferos tienen pocos bebés y cerebros grandes?: lo que nos enseña un fósil jurásico

Por: Luis Moctezuma


Ahora los mamíferos tenemos formas muy específicas de nacer, crecer y dominar el mundo, hace 184 millones de años las cosas eran muy diferentes. Un fósil encontrado en Arizona hace 18 años nos dice que los seres peludos no siempre crecimos en grupos pequeños. Según parece, hubo un tiempo en el que las camadas de mamíferos fueron similares a las de reptiles: el jurásico.

El fósil de una camada

Hace 18 años el profesor Timothy B. Rowe, del Laboratorio de Paleontología en Vertebrados de la Universidad de Austin, Texas, encontró un fósil en una formación rocosa. Parecía un animal, se veía peludo, tenía colmillos grandes y su forma recordaba a la de una rata o zarigüeya, aunque su tamaño era más similar al de un perro. Posteriormente, trabajó en su análisis con su colega Eva A. Hoffman.

Se trataba del Kayentatherium wellesi. No fue exactamente un mamífero, se considera más bien como un precursor, ya que sus características aún no eran las que hoy consideramos básicas para un mamífero. El grupo en el que se clasifica se conoce como tritilodóntidos. Además no estaba solo, el análisis posterior demostró que venía acompañado de 38 crías, un número muy superior a lo que se ve en las especies actuales. Los resultados se publicaron recientemente en la revista Nature.

Su vida se desarrolló en el Jurásico mientras los dinosaurios dominaban la Tierra. Su peso se calcula entre 30 y 50 kilos. Sus dientes estaban diseñados para moler, así que lo más probable es que su dieta fuera herbívora. Además, sería una presa para algunos dinosaurios carnívoros terópodos. Su vida no era fácil y la forma en que se reproducía era más similar a la de otros animales con los que compartió el planeta.

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Eva Hoffman, Universidad de Texas en Austin


El desarrollo de una cría

Los mamíferos actuales tenemos un desarrollo largo y cuidadoso. Nuestro cuerpo crece dentro de la madre y aún cuando estamos fuera, nuestro cuerpo se sigue desarrollando. Este proceso permite que nuestro cuerpo se modifIque dando lugar a grandes cerebros, algo muy distinto a lo que pasaba con Kayentatherium wellesi. Los restos encontrados muestran que el cuerpo de las crías era muy similar al del espécimen adulto.

Lo que muestran los restos de las crías es que el cuerpo se mantenía muy similar durante su vida. De esta forma el cerebro se quedaba de un tamaño comparativamente pequeño, ya que además las camadas eran mucho mayores a las actuales. Para un reptil tener 38 crías al mismo tiempo no es descabellado, mientras que para un mamífero actual es casi el doble de la capacidad conocida.

Otro de los factores que afecta el tener un número grande de crías es el cuidado que se les da. Mientras menos cachorros se tiene es más probable cuidar a todos. Esto también modificaría la forma en que vivía y se desarrollaba este ancestro peludo y aún no mamífero. El resultado: un desarrollo cerebral menor que fue adaptándose en especies posteriores.

El crecimiento del cerebro propició camadas más pequeñas. Esta es una de las ideas que se desprende del análisis que se hizo sobre el fósil de Kayentatherium wellesi y sus crías. Tener un cerebro más grande y complejo se convertiría posteriormente en una ventaja y esto requería una nueva forma de reproducirse. Con un organismo que sigue creciendo y tiene la capacidad de alargar su cráneo aún después de haber sido expulsado por su madre, los mamíferos encontraron una forma más adecuada para sobrevivir.

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