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Resuelven el misterio del Dickinsonia, el animal más antiguo del mundo

24-09-2018

Esta criatura vivió hace unos 550 millones de años

Por: Luis Moctezuma


Estudiar los orígenes de la vida es un proceso largo. Los primeros organismos vivos eran muy distintos a lo que podemos ver hoy. Aunque estemos familiarizados con seres antiguos como los dinosaurios, si vamos un poco más atrás, la imaginación tendrá que esforzarse. Incluso a los científicos les cuesta trabajo y un ejemplo de esto es Dickinsonia, un organismo sobre el que se tuvo dudas desde su descubrimiento hace casi 7 décadas y ahora una artículo publicado por la revista Science lo define como el animal más antiguo que se conoce.

Un óvalo que vivió hace casi 600 millones de años

Entre 571 y 541 millones de años atrás los organismos vivos comenzaban a tener formas complejas. En este período conocido como Ediacárico fue que vivió Dickinsonia. Cuando este periodo terminó comenzó el Cámbrico conocido por traer consigo nuevas formas de vida más fácilmente reconocibles como los trilobites. Aunque estos fósiles cámbricos tienen formas muy básicas, sus antecesores eran todavía más extraños.

La forma de Dickinsonia es muy simple, tanto que complicó su inclusión en un un grupo de seres vivos. Se trataba de un óvalo con dos lados simétricos con formas similares a costillas y planos, su tamaño era de aproximadamente 1.4 metros. Debido a su forma se especulaba si habían sido líquenes, amebas unicelulares gigantes o animales. Para el equipo de investigadores liderado por Ilya Bobrovskiy de la Universidad Nacional Australiana, se trató de un animal y la confirmación vino de los tejidos que lograron rescatarse de un ejemplar colectado en Rusia.

La primera vez que se describió este ser fue en 1947. El lugar en que se le encontró fueron las montañas de Ediacara, en Australia. Por las condiciones de conservación de los primeros ejemplares (sometidos a altas temperaturas y presión), se conocía su forma y la imaginación debía hacer la mayor parte. Muchos de los restos que se conservan de Dickinsonia carecen por completo de cualquier tejido.

Fue en un acantilado del Mar Blanco, al norte de la parte europea de Rusia, que se encontró un fósil aún con tejidos. Dentro de ellos había lípidos que ayudaron a los investigadores en la clasificación de estos organismos a los que describen en un inicio como: “extraños como formas de vida de otro planeta”. Gracias a estas grasas que resistieron el paso del tiempo sabemos que no se trataba de una versión prehistórica de la banda Ameba (enemigos de las Chicas Super Poderosas), o esa mezcla de hongo y alga que llamamos líquen.

Colesterol, la pieza que faltaba para clasificar a Dickinsonia

Para analizar un fósil el método tradicional consiste en centrarse en sus estructura. En este caso se recurrió al análisis de los tejidos del fósil ruso de Dickinsonia. Tras un análisis con cromatógrafo se reconocieron derivados de colesterol, mismos que apenas aparecían en las capas que rodeaban al organismo.

La presencia de colesterol bastó para que los investigadores del Dickinsonia ruso lo clasificaran como un ancestro de los animales. Este forma parte de la membrana que recubre las células animales y permite la entrada de compuestos a ella. Las críticas no han tardado en aparecer. Hay presencia de colesterol y esto ya es algo completamente distinto a lo que podría esperarse en una ameba o un líquen; sin embargo, no es una prueba definitiva.

Entre los detractores se comenta que se trata de una propuesta interesante pero Dickinsonia no fue un animal. Durante el Cámbrico la vida cambió mucho: aparecieron organismos revolucionarios y desaparecieron otros como el objeto de la investigación que la revista Science publicó este 21 de septiembre. Dickinsonia pudo haber sido un ancestro completamente diferente los animales actuales o simplemente una rama lateral de vida que dejó de evolucionar. Por ahora sabemos que su cuerpo contenía sustancias que fueron de gran importancia para los animales que vinieron después.

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