¿Por qué hacemos simulacros? Copiar al portapapeles
POR: Deyanira Almazán
6 mayo, 2026
La ciencia detrás de practicar para una emergencia
Hoy, miles de escuelas, oficinas, hospitales y hogares en México participan en el Primer Simulacro Nacional 2026. A las 11:00 am sonará la alerta sísmica y millones de personas detienen sus actividades para evacuar edificios, identificar zonas seguras o practicar protocolos de emergencia.
A simple vista podría parecer solo un ejercicio de rutina. Pero detrás de cada simulacro existe una enorme cantidad de ciencia: geología, psicología, neurociencia, ingeniería, protección civil y estudios sobre comportamiento humano.
Los simulacros no existen porque los científicos puedan predecir exactamente cuándo ocurrirá un terremoto. Existen precisamente porque todavía no podemos hacerlo.
Un planeta en movimiento
La Tierra está en constante movimiento. En México, gran parte del territorio se encuentra en una zona donde interactúan varias placas tectónicas: enormes fragmentos de roca que forman la superficie del planeta. Cuando estas placas se acomodan o liberan energía, ocurren los sismos.
Los científicos pueden identificar zonas de mayor riesgo sísmico y entender cómo viajan las ondas por distintos tipos de suelo, pero todavía no existe una tecnología capaz de predecir con exactitud el momento, lugar y magnitud de un terremoto.
Por eso, gran parte de la ciencia aplicada a los desastres no se enfoca solo en “predecir”, sino en prepararse.
El cerebro también se entrena
Uno de los objetivos más importantes de un simulacro no está en los edificios… sino en el cerebro humano.
Cuando una persona enfrenta una emergencia real, el cerebro entra rápidamente en un estado de estrés. En esos momentos, el cuerpo libera hormonas como adrenalina y cortisol, que ayudan a reaccionar rápido, pero también pueden dificultar pensar con claridad.
Por eso muchas personas se paralizan durante una emergencia.
Los simulacros ayudan a reducir ese efecto.
Diversos estudios en psicología del comportamiento y manejo de riesgos muestran que practicar acciones previamente puede disminuir el tiempo de reacción y mejorar la toma de decisiones durante una situación real.
Es algo parecido a lo que ocurre cuando aprendemos a andar en bicicleta o practicar un deporte: repetir una acción permite que el cerebro construya rutas mentales más rápidas.
En otras palabras: el cuerpo recuerda.
La evidencia: ¿realmente funcionan?
Sí. Y existen varios ejemplos alrededor del mundo.
Japón: la cultura del simulacro
Japón es uno de los países más sísmicos del planeta y también uno de los que más invierte en prevención.
Cada 1 de septiembre se realiza el Día de la Prevención de Desastres, donde millones de personas participan en simulacros nacionales. Escuelas, empresas y gobiernos practican evacuaciones y protocolos constantemente.
Investigadores japoneses han encontrado que las comunidades con mayor entrenamiento y preparación suelen responder más rápido y de manera más ordenada durante terremotos reales.
Después del terremoto y tsunami de Tōhoku en 2011, varios estudios mostraron que en muchas comunidades costeras las personas evacuaron inmediatamente gracias a la práctica constante de simulacros. En algunos casos, eso ayudó a salvar miles de vidas.
Chile y México: aprender de los terremotos
Chile y México también se encuentran entre los países con mayor actividad sísmica del mundo.
En ambos lugares, los grandes terremotos han transformado las normas de construcción, los sistemas de alerta y la cultura de protección civil.
En México, los sismos de 1985 y 2017 cambiaron profundamente la manera en que se organizan las evacuaciones y la preparación ciudadana.
Hoy existen protocolos más claros, brigadas escolares, simulacros nacionales y sistemas como la Alerta Sísmica Mexicana, diseñada para detectar ciertos terremotos y enviar avisos segundos antes de que lleguen las ondas más fuertes a algunas ciudades.
Aunque unos segundos parecen poco, pueden hacer una gran diferencia para detener maquinaria, alejarse de ventanas o evacuar zonas peligrosas.
Los simulacros también ponen a prueba a las ciudades
Los simulacros no solo entrenan personas. También sirven para detectar errores en edificios e infraestructura.
Durante estos ejercicios, especialistas pueden identificar:
- rutas de evacuación mal señaladas;
- puertas bloqueadas;
- puntos de reunión inseguros;
- fallas de comunicación;
- tiempos lentos de evacuación;
- zonas con aglomeraciones peligrosas.
Es decir: un simulacro funciona como una especie de “laboratorio” para las ciudades.
La ingeniería y la protección civil utilizan estos ejercicios para mejorar protocolos y reducir riesgos antes de que ocurra una emergencia real.
Prepararse no significa vivir con miedo
A veces se piensa que hablar de terremotos o hacer simulacros puede generar ansiedad. Pero la ciencia muestra algo interesante: entender un riesgo y saber qué hacer suele reducir el miedo.
La incertidumbre genera más angustia que la preparación.
Por eso, la educación científica y la cultura de prevención son tan importantes. No se trata de vivir pensando en desastres, sino de comprender cómo funciona nuestro planeta y aprender a convivir con él de manera más segura.
La Tierra siempre se moverá. Habrá lluvias intensas, huracanes, erupciones volcánicas y otros fenómenos naturales. Son procesos normales de un planeta vivo.
Lo que sí puede cambiar es qué tan preparados estamos.
Un ejercicio que va más allá del simulacro
Cuando hoy participes en el Primer Simulacro Nacional 2026, recuerda que no es solo una práctica para “salir rápido”.
Es una forma de entrenar al cerebro, probar a las ciudades, aplicar ciencia en la vida cotidiana y aprender a responder colectivamente ante una emergencia.
Porque la prevención también es conocimiento.
Y entender cómo funciona la Tierra puede ayudarnos a cuidarnos mejor unos a otros.
